Reconociendo el veneno dentro de las Redes Sociales
Necesitamos aprender a tomar distancia de toda esa urdimbre caótica de mensajes entrantes, no podemos dejarnos envenenar ni impulsar por informaciones que no sabemos si son ciertas.
A nuestros WhatsApp llegan avisos de la muerte de exjugadores de fútbol que en realidad están felices comiéndose un sancocho en sus casas; también endulzados mensajes de superación que dicen tener como autor al papa Francisco, pero que cuando los leemos, nos damos cuenta de que están lejos de la teología del pontífice; o un “hola” de un amigo que siempre saluda y expresa su afecto con palabras altisonantes, pidiendo un SMS. Todo esto muestra la gran cantidad de bulos y trampas que navegan por la red y que saltan en nuestros teléfonos a través de amigos que las comparten, o de “vivos” hackers que quieren tomar control de nuestro WhatsApp. Quien quiera tener control de los mensajes que envía desde su celular, debe ser como el mello Tomás, capaz de dudar de todo –aún de que sus amigos digan que Jesús ha resucitado– y practicar la duda metódica de Descartes.
Michael Caulfield propone un método interesante para entender primero la fiabilidad de la fuente que produce la información, antes de entrar a analizar el contenido de la misma con el pensamiento crítico. Plantea cribar la información en cuatro pasos: 1) Parar de leer. Antes de concentrarse en el mensaje, hay que saber de dónde sale. 2) Investigar la fuente. Es necesario investigar quién y con qué intención escribe el texto; hoy hay muchos montajes para simular páginas periodísticas o fuentes fiables. Toca tener claro que quien escribió el mensaje no sea un loco, un fanático, alguien que quiera entramparnos. 3) Buscar una cobertura más fiable, es decir, comparar y contrastar con otras fuentes; y 4) Trazar el contexto original, sobre todo en el caso de fotos, videos o citas; no podemos emitir juicios tan tajantes con unos cuantos segundos de video o una foto, sin saber en qué escenario, por qué y para qué se realizaron.
Es decir, hoy tenemos que acercarnos a cualquier texto que recibimos con desconfianza, partiendo de la idea que nos pueden estar engañando, manipulando, impulsando nuestras emociones más tóxicas, haciéndonos arder el interior buscando una reacción intensa –ya sea de ira, miedo o dolor–. Me impresiona que el ser humano, tan dispuesto a dudar y controvertirlo todo, se queda inexplicablemente embobado con lo que dicen los mensajes, los acepta como verdaderos y reacciona.
Entiendo que la ilusión de ser los primeros en dar la noticia –tema que antes sólo era de nosotros los periodistas– nos domina y nos hace reaccionar rápidamente; que el deseo de “evangelizar” a todos los demás, de iluminar al mundo con nuestros brillantes juicios y opiniones, nos lleva a no saber cribar la información, a no sospechar de los mensajes que nos llegan.
Creo que necesitamos aprender a tomar distancia de toda esa urdimbre caótica de mensajes entrantes, no podemos dejarnos envenenar ni impulsar por informaciones que no sabemos si son ciertas. Una de mis decisiones personales, no solo ha sido afilarme en la desconfianza, sino también saber tomar distancia de algunas fuentes de mensajes envenenados de odio y fanatismo, y hago constantes ayunos de redes que me permitan estar más en paz con mi corazón, en esos procesos de interiorización que me ayudan a ser más dueño de mí y me permiten ser capaz de trascender en búsqueda del sentido que me haga más feliz. Tengan la seguridad: el mundo está más allá de los límites de las redes.
Fuente: @elheraldo.co
Temas: aprendizaje, entretenimiento, noticias, redes sociales
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