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El COVID-19 podría traer otra epidemia que debemos evitar: la depresión

Publicado: abril 6, 2020
El COVID-19 podría traer otra epidemia que debemos evitar: la depresión Compartido por:

El COVID-19 podría traer en los próximos meses una nueva epidemia: el aumento de depresiones. La salud mental es por tanto otra emergencia que deberíamos atender tomando adecuadas medidas preventivas y de afrontamiento. Son las siguientes.

El COVID-19 podría traer otra epidemia que, en esta ocasión y sin necesidad de ser fatalistas, sí se puede percibir. Hablamos de los trastornos depresivos. Tristemente, se están combinando diferentes factores en este sustrato en el que las emociones, la incertidumbre, el agotamiento, la falta de control y hasta la sensación de vacío pueden afectar de manera severa a nuestra salud mental.

Nos encantaría asegurar que esto no va a ocurrir. Sería esperanzador pensar que como bien dice la «psicología popular» de toda adversidad se sale siendo más fuerte y sabio.

Es cierto que en determinadas personas puede ser así. La neurociencia nos señala que hay quien es más hábil para gestionar el estrés, que dispone de un enfoque más resiliente y claramente preparado para este tipo de contextos.

No obstante, no todos somos así. No todos venimos al mundo con ese resorte excepcional con el que encarar los cambios, las crisis, las pérdidas o la propia incertidumbre.

Aventurar que cuando dejemos nuestro confinamiento y debamos hacer frente a la realidad postcoronavirus pueden aumentar los trastornos del estado de ánimo no es descabellado. Es una probabilidad ante la cual, vale la pena estar preparados.

 

El COVID-19 podría traer otra epidemia y debemos hacerle frente
Dicen de las epidemias que actúan como unos igualadores sagaces. No discriminan clases sociales, nacionalidades o religiones. El coronavirus nos está dando una lección que posiblemente jamás olvidaremos y es esa que nos recuerda el hecho de que somos más vulnerables de lo que creíamos.

Es muy posible que nuestra vida antes de esta pandemia no fuera perfecta. Sin embargo, y a pesar de todo ello, éramos más felices y no lo sabíamos. Lo éramos porque teníamos cierta sensación de control, porque los días se parecían los unos a los otros y no existía la angustia hacia un mañana incierto.

Ante una emergencia sanitaria que está erosionando también nuestra economía es inevitable también sentir el pinchazo de esa vulnerabilidad.

Hace unas semanas, Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS ya escribió en un artículo del Psychiatric Times que además de la propagación de la infección, veríamos también otros fenómenos.

El COVID-19 podría traer otra epidemia, según él, y es la de los trastornos de estrés y ansiedad. Eso mismo es lo que estamos viendo ahora con la compra compulsiva, el pánico y la ansiedad que vive la población en la situación de confinamiento.

Ahora bien, en otro artículo publicado por psicólogos clínicos del centro para la Ciencia de la Conexión Social de la Universidad de Washington nos advierten de otra cosa. Cuando se reduzcan los contagios y retomemos (en la medida de lo posible) la normalidad, se elevarán el número de depresiones.

¿Por qué podrían aumentar los casos de depresión?
Pensar que una crisis como la actual no nos va a dejar consecuencias psicológicas sería una ingenuidad. Las estamos viviendo ahora de múltiples maneras.

Están quienes han perdido a un ser cercano. Están también quienes han perdido el trabajo o ven el futuro con miedo. Asimismo, tampoco podemos pasar por alto a esas personas que pasaban o que acababan de superar alguna depresión o trastorno de ansiedad. Ante estas situaciones, es muy común que se reactiven nuevamente esas condiciones mentales.

No obstante, las situaciones que podrán verse el día de mañana cuando debamos adaptarnos al nuevo contexto que abrirá la «era del postcoronavirus» será las siguientes:

  • Un barómetro emocional complejo. En nosotros se entremezclará desde la tristeza, la irritabilidad y la rabia. Puede que hasta la desesperanza.
  • La incertidumbre. Esa palabra que tanto se repite estos días será un eterno leivmotiv.
  • Inestabilidad económica. Un factor que alimenta de manera irremediable los problemas psicológicos.
  • Agotamiento, impotencia y sensación de no tener el control sobre la propia realidad.
  • En muchos casos, pueden darse incluso crisis existenciales.

Todas esas situaciones son comunes y las podemos sentir absolutamente todos en un momento dado. No obstante, si esas sensaciones son constantes y se arrastran durante semanas o meses, la sombra de la depresión ya habrá hecho acto de presencia.

En ese momento, nuestra capacidad para resolver problemas disminuirá, aparecerá el insomnio, la falta de motivación, la apatía crónica.

El COVID-19 podría traer otra epidemia ¿cómo podemos evitar la aparición de las depresiones?
El COVID-19 podría traer otra epidemia y esta es como ya sabemos, la psicológica con la aparición de un mayor número de depresiones. Ante este riesgo es conveniente tomar medidas preventivas y de afrontamiento. Así, algo que cabe aclarar es que cada persona muestra un cuadro clínico singular y único. Ninguna depresión es igual a otra.

Cada uno vivirá la actual situación de un modo, sin embargo, sabemos que en un escenario de pandemia, el principal detonante de la depresión suele ser el estrés ambiental.

Por tanto, debemos atender las siguientes dimensiones:

  • El confinamiento va a ser un activador de la depresión, en especial si lo hemos pasado en soledad o si existen problemas en casa. En estas situaciones, es esencial que solicitemos ayuda de psicólogos especializados. Importante que sean siempre profesionales cualificados.
  • Hay que aprender a gestionar el estrés cotidiano y atender cada emoción sentida. Lo que descuidamos hoy mañana puede dar paso a un estado de gran indefensión. Facilitemos por tanto el autocuidado emocional, preocupándonos por cómo nos sentimos aquí y ahora.
  • Es vital que cada ciudad ofrezca servicios y apoyo psicológico a toda persona que sufra una pérdida a causa del coronavirus.
  • Las dificultades financieras van a ser otro desencadenante de los problemas de salud mental. Es otro factor decisivo que tener en cuenta.
  • Por último y no menos importante, hay que crear redes de asistencia. Bien entre amigos y familiares y bien entre profesionales para estar cerca de quien lo necesite hoy y mañana. Ese refuerzo directo en el día a día puede atenuar el dolor emocional. Sentir que no estamos solos y que todos, en cierto modo, pasamos por lo mismo, reconforta.

Para concluir, puesto que el COVID-19 podría traer otra epidemia y no es otra que la referente a la salud mental, estemos por tanto preparados ante este emergencia y actuemos.

 

Fuente: lamenteeesmaravillosa.com

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