Fue una noche de otoño cuando ella cerró su voz y su eco quedó en mi memoria como un hielo que me adormece la garganta. Quisiera olvidarme de todo eso, pero aún lo recuerdo como una cicatriz que es burda y no tiene curación alguna. Sobre la mesita de noche quedaron su celular, su crema y su monedero blanco con negro. Dentro del monedero, un par de billetes de 20…