Con expulsiones, divisiones y retiros, los republicanos deciden ser fieles a Trump a toda costa
La reciente lucha política interna que llevó a la destitución de la congresista Liz Cheney de un puesto de liderazgo clave en la Cámara de Representantes podría parecer una mancha negra para el Partido Republicano.
Los democratas señalan la hipocresía de los republicanos que a menudo se refieren burlonamente a la «cultura de la cancelación» que plaga a la izquierda, en referencia a la intolerancia que los consevadores aseguran que muestran los liberales con opiniones que les son contrarias.
Pero ahora que Cheney ha sido anulada por sus críticas a la negativa de Donald Trump a aceptar la derrota en las elecciones de noviembre de 2020, ¿hasta qué punto dañará la imagen pública del Partido Republicano de cara al próximo ciclo electoral de 2022 y 2024?
Este tipo de derramamiento de sangre política nunca luce agradable en su momento, y puede ser demasiado pronto para saber qué efecto puede tener en términos puramente electorales.
Pero muchos observadores dicen que la destitución de Cheney como la tercera legisladora en la estructura de liderazgo en el Congreso es un símbolo significativo del control que está logrando Trump sobre el partido, con posibles implicaciones para su futuro.
«Es un momento decisivo para el partido», dijo Matt Terrill, un exestratega republicano que trabaja para la consultora Firehouse Strategies. «Trump dejó la Casa Blanca, pero no salió del escenario político. Su presencia no va a desaparecer», añadió.
En muchos sentidos, Cheney era una persona improbable de tirar por la borda, una conservadora tradicional a la derecha del partido y que proviene de una familia con profundas raíces políticas. Su padre, Dick Cheney, ocupó en su día el mismo cargo del que ella fue sacada ahora y fue secretario de Defensa con George H.W. Bush, y luego vicepresidente con George W. Bush.
Limitar el daño
Normalmente, un partido buscaría una cara nueva después de sufrir una derrota, y se alejaría de un presidente de un solo mandato.
Pero la cúpula republicana parece creer que es mejor abandonar a la legisladora de Wyoming y unirse en torno a Trump. Al eliminarla rápidamente, esperan limitar el daño y volver a centrar sus esfuerzos en desafiar a los demócratas.
En ese sentido, los estrategas de los republicanos dicen que la deslealtad de Cheney hacia Trump estaba jugando a favor de los demócratas, y por eso había que silenciarla.
«Para la gente del partido que apoya a Trump, ven esto como algo bueno para el partido», dijo Terrill. «No puedes esperar ganar elecciones si eres un partido dividido», añadió.
El presidente de la conferencia actúa como una especie de portavoz del partido, a cargo de las relaciones públicas y produce hojas informativas para mantener un mensaje unificado, explicó un exasistente del partido a Univision Noticias.
Claramente, tener a alguien como Cheney transmitiendo un mensaje discordante era insostenible.
«Ella era una verdadera distracción. Estaba repitiendo una serie de comentarios que estaban muy en desacuerdo con la situación actual del partido. Y creo que tenía que irse», dijo Carlos Díaz-Rosillo, quien fue exdirector de política en la Casa Blanca bajo el mandato de Trump.
La pregunta que queda ahora es si la destitución de Cheney sanará el partido, o causará divisiones aún mayores.
La guerra que viene
Cheney ha dejado claro que no tiene planes de irse en silencio y que encabezará la lucha para evitar que Trump vuelva a lanzarse como candidato republicano, pero ¿dará resultado su estrategia de intentar arrastrar al partido de vuelta a sus valores tradicionales y conservadores, y hasta un regreso al civismo político perdido en la era del exmandatario?
Eso parece poco probable a corto plazo, dicen los estrategas republicanos. «Los votantes están tan en el campo del [ex]presidente Trump que, aunque la política tiene una memoria muy corta, no veo que eso cambie pronto», dijo Díaz-Rosillo. «Ella [Cheney] podría estar diciendo que, estratégicamente, no se trata de ganar batallas, sino de ganar una guerra. Aun así, no veo que el partido adopte sus puntos de vista a corto plazo», añadió.
No sorprende que los republicanos resten importancia a las divisiones internas, e incluso sugieran que todo forma parte de un debate saludable en el partido, un proceso natural después de cada elección, especialmente para el bando perdedor.
«No creo que esta división sea tan diferente de las divisiones que los demócratas experimentaron después de 2016», dijo Díaz-Rosillo, señalando las diferencias entre radicales como Bernie Sanders y el ala más moderada del partido representanda en ese entonces por Hillary Clinton.
Sin duda, para el momento en que fue expulsada el miércoles, Cheney tenía pocos partidarios en el Congreso, y los sondeos de opinión parecen mostrar a los leales a Trump en pleno control del partido.
Deserciones
Algunos republicanos han abandonado el partido, consternados por no haber repudiado a Trump, mientras que otros juran seguir la lucha desde dentro.
«Ahora soy independiente. Creo que es el mayor cuerpo electoral hoy en día. El partido republicano se está reduciendo», dijo Carlos Gutiérrez, exsecretario de Comercio de Bush. «O estás a favor de Trump o no eres bienvenido», dijo el cubanoamericano de 67 años que ahora trabaja en la industria tecnológica.
«Si sigue siendo el partido de Trump, muchos de nosotros no vamos a volver», dijo a Reuters Rosario Marín, ex tesorera de Estados Unidos con Bush.
El ex gobernador de Ohio, John Kasich, apoyó a Biden para la presidencia en noviembre.
Algunos han abandonado la política por completo, como el ex candidato presidencial Jeb Bush.
Pero otros dicen que planean quedarse en el partido y apoyar a Cheney.
«Me quedaré… para que podamos llevar a nuestro partido de vuelta a una era de razón», dijo Al Cárdenas, expresidente del Partido Republicano de Florida, quien dijo que el partido sólo estaba cumpliendo las órdenes de Trump, «como hacen todos los seguidores de una secta».
Horas después de la destitución de Cheney, un grupo de más de 150 republicanos, liderados por críticos de Trump, anunciaron el jueves un nuevo movimiento político, diciendo que el partido estaba «podrido hasta la médula.»
En una declaración de principios dijeron: «Nos oponemos al empleo del alarmismo, el conspiracionismo y las falsedades y, en cambio, apoyamos la elaboración de políticas basadas en la evidencia y el discurso honesto.»
¿Un tercer partido?
Pero hará falta mucho más que eso para aflojar el control de los leales a Trump en el partido. Y cualquier conversación sobre la creación de un tercer partido rival parece todavía muy lejana.
«Tiene que haber algo más grande que esto, algunos nombres más grandes», dijo un exempleado republicano y crítico de Trump que prefirió no ser nombrado. «Se necesita tanta infraestructura para llevar una campaña electoral a nivel nacional, con donantes y personal asalariado», añadió.
Los líderes republicanos parecen apostar por la popularidad de Trump, señalando frecuentemente que ganó 74 millones de votos en noviembre, más que cualquier otro candidato presidencial de la organización en la historia. Pero omiten el hecho de que aún así perdió el voto popular por siete millones de votos ante Joe Biden.
Temas: Donald Trump, internacional, noticias, política, republicanos
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