El amor en tiempos de la neurología
El amor es el más inviable de nuestros sentimientos y la más necesaria de nuestras fantasías…
Una treta más del cerebro del SS que no deja de imaginar que su existencia es un avatar muy espiritual y trascendente… y no una evidencia de su vulgar y consabida animalidad.
El amor que causa tantos ensueños y turbulencias es sólo el burbujeo bioquímico de un cerebro que alucina situaciones prodigiosas y sublimes donde sólo existen secreciones… exudaciones y espasmos musculares.
El hecho de que el amor se convierta tan pronto en odio, revela que su prodigiosa tesitura es en realidad una bomba de tiempo que tarde o temprano estallará.
¿Por qué quieren los padres que sus hijos no sufran daño: por amor o por preservar biológicamente a la progenie…? El amor es una idea civilizatoria novelesca… el cuidado de los críos un instinto que busca que los individuos de una especie sobrevivan… los instintos son biológicamente sabios… los delirios amorosos ciencia ficción.
El amor sólo tiene cabida en el cerebro del SS… uno que no por grande y complejo deja de ser insuficiente y estúpido.
Convertido en un insumo moral por el cristianismo el amor es un espejismo que seduce y desequilibra al SS… como un galgo que corretea a un conejo que nunca alcanzará.
El amor-pasión… no a Dios sino al ser amado… ha sido uno de los personajes más aplaudidos del gran teatro humanista… uno que las grandes novelas se han encargado de reputar como una gran patraña.
Enamorarse es ingresar en un campo de batalla donde el sentimiento amoroso ha de convivir con todo un escuadrón de emociones contrarias a su ideario: celos… posesividad… violencia… reproches… golpizas… chantajes… por un lado decimos adorar al ser amado por otro no dejamos de planear aniquilarlo.
En un tris el ser que decíamos amar se vuelve el peor de nuestros enemigos: uno que ha de pagar caro no ser como queríamos que fuera.
Cuando la pasión del enamoramiento se extingue… en un lapso más bien breve… lo que sigue es un infierno tóxico al que acabamos habituándonos… o un tedio adictivo que las parejas no se atreven a romper por miedo o flojera.
El desamor no deriva necesariamente en la separación de las parejas… puede convertirse en una suerte de esclavitud compartida que para que funcione jamás debe ser mencionada por los cónyuges.
¿Cómo nos exigimos ser fieles y amorosos siendo que una parte de nuestro cerebro nos ordena apegarnos a alguien por razones biológicas… y otra nos obliga a buscar experiencias con personas por completo distintas al ser amado?
El matrimonio monógamo impone una convención que fuerza y violenta los instintos primarios de los cónyuges… somos adúlteros por naturaleza [hombres y mujeres] y monógamos por civilidad… es decir… todo menos armónicos.
Aunque inviable el amor es el producto que más se ha vendido en el mercado de los sentimientos… ello porque despierta en nosotros la esperanza de que en algún momento nuestras patéticas vidas se tornarán luminosas y felices.
Una fantasía se ha apoderado del SS: el amor… esa falsa ilusión al que nuestros instintos patean el trasero cada vez que obstaculiza nuestra lucha por la supervivencia.
La pornografía es la negación de la moral civilizatoria… ni deseo reproductivo… ni instinto de sobrevivencia… ni espiritualidad alguna… la pornografía sólo busca la inmanencia del placer físico… es la más lapidaria transgresión contra una civilidad que nunca va a aceptar que en el fondo detesta la corrección y añora las sudoraciones animales.
En el siglo XXI el amor-pasión-ilusión está perdiendo fuerza y tiende a ser remplazado por un placer sexual inmediato poli amoroso que está dejando de soñar con príncipes miríficos y princesas etéreas… es el triunfo de la pornografía contra la civilidad… celebrémoslo.
FUENTE: ntrzacatecas.com
Temas: Amor, Neurología, psicología, Sentimientos, SS
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