Ejercitando los músculos del placer
¿Sabías que el ejercicio además de ayudarte a mantener la línea también puede ayudarte a mejorar tu vida sexual? Pues si, existen una serie de ejercicios muy fáciles que podrás practicar en tu casa y así poner en forma esos músculos con los que se lleva a cabo el acto sexual. No pierdas el tiempo y ¡empieza con la gimnasia sexual!
Lo mismo que te apuntas al gimnasio para mantener a raya los michelines y demás desastres estéticos y mantenerte en forma y con buena salud, también puedes ejercitarte para que tu vida sexual sea óptima y tus músculos sexuales estén tan a punto para el amor como tus abdominales lo están para el verano.
No son unos ejercicios demasiado difíciles y los podrás practicar en tu casa en cualquier rato que tengas libre sin necesidad de aparatos o máquinas adicionales. Sólo necesitas relajación y un poco de constancia y tus músculos sexuales se verán fortalecidos y tus relaciones mejoradas.
Ejercitar el músculo que sostiene el útero puede ayudarte a mejorar el orgasmo. Para ello deberás ponerte en posición «bicicleta» con las caderas levantadas sobre el suelo con el objetivo de que el útero se adhiera a la pared vaginal. Al retomar la posición inicial debes sentir como el aire sale de la vagina. Diez veces seguidas.
La respiración es esencial para llegar al orgasmo. Échate de espaldas con una mano sobre el abdomen. Al mismo tiempo que la respiración, levanta y deja caer el estómago, respirando de manera exagerada 2 o 3 veces. Después descansa. También puedes ejercitarlo soplando, empezando con repeticiones de 3 y aumentando hasta 10. Nota como se contrae el diafragma al hacerlo.
Échate con las piernas dobladas, apoyando los hombros contra el suelo. Después, debes mecer la pelvis suávemente de arriba a abajo, al ritmo de la respiración. Sólo debes levantar los glúteos del suelo. Repetir durante 20 veces, cambiando de velocidad.
Los mejores para estimular el punto G y otras partes sensitivas de la vagina. Aunque te parezca raro, las sentadillas son un ejercicio ideal. De espaldas medio metro separada de la pared, reclínate hasta tocarla con el torso y baja doblando las rodillas, lentamente. Manténte así 30 segundos y relaja. Unas 20 veces diarias.
Ejercita los músculos que envuelven la vagina y el ano, encargados de detener el flujo de la orina. El ejercicio que les corresponde es el clásico ejercicio de Kegel: acuéstate sobre el suelo con las rodillas dobladas y los pies apoyados en el suelo. Mueve los músculos como si estuvieses tratando de retener la orina, contando hasta 3. Relájate y repite la serie diez veces, dos veces al día.
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