El monstruo imaginario que quieren vendernos a los ciudadanos
La narrativa oficialista quiere convencernos de que México está enfrentando a una “ultraderecha” coordinada, peligrosa, golpista y casi militarizada.
Pero hay un detalle en toda esa propaganda: todo ese monstruo del que hablan… no existe. O al menos, existe en el discurso que el poder necesita fabricar.
Cada vez que el gobierno de Morena se atora en su propia incapacidad, aparece un enemigo nuevo:
antes eran los fifís, luego los neoliberales, luego los organismos autónomos, luego la Suprema Corte… y ahora, el villano favorito: la ultraderecha.
Conveniente. Muy conveniente.
Y no es casualidad que el discurso venga amplificado por voces afines que, como Sabina Berman, siguen leyendo la realidad con los lentes de la Guerra Fría.
Nos hablan de complots globales, de Trump como titiritero intercontinental, de alcaldes que “pagaron porros”, y de un plan internacional para incendiar México.
Hoy publico en El Universal:
La Ultra-derecha no se cura con más democracia
"La Ultra-derecha es el llamado a la violencia. Y permitir la violencia no lleva a la paz. Lleva a más violencia."
* * * *
Desde tiempo de los…
— Sabina Berman (@sabinaberman) November 23, 2025
Mientras tanto, aquí abajo, en la calle, lo que sí existe —y nadie necesita inventar— es una ciudadanía cansada, harta de la violencia, harta de los abusos,
y harta de que el gobierno responda con relatos mágicos en vez de soluciones.
Porque hay una realidad que ni las columnas militantes ni los discursos desde el poder pueden ocultar:
Los únicos que ejercieron violencia el 15 de noviembre fueron los cuerpos de seguridad del propio gobierno. Videos, fotos y testimonios lo documentan.
Pero la narrativa oficial necesita tapar ese fracaso y busca culpables imaginarios: “la ultraderecha”, “los golpistas”, “los enemigos del pueblo”.
Qué casualidad.
Berman dice que la ultraderecha crea relatos para manipular a la gente.
Pero, sin darse cuenta —o quizá sí dándose cuenta—, describe perfectamente lo que está haciendo este gobierno:
– Exagerar a un adversario para justificar excesos.
– Convertir el disenso en amenaza.
– Descalificar la protesta pacífica.
– Y pedir “sanciones ejemplares”… pero curiosamente solo contra los críticos del régimen, nunca contra los funcionarios que reprimen, mienten o encubren.
¿Golpismo?
¿De verdad?
Golpismo es usar recursos públicos para hacer propaganda disfrazada de “mañanera”.
Golpismo es intentar desaparecer contrapesos constitucionales.
Golpismo es desobedecer resoluciones judiciales.
Golpismo es decir que las instituciones “estorban”.
Golpismo es militarizar la vida pública sin rendición de cuentas.
La ultraderecha que Berman describe suena más a Macondo que a México. Es ficción útil. Es enemigo portátil. Es la excusa perfecta del poder para no aceptar que el gobierno tiene un problema de fondo: ya no confían en él.
Y por eso necesita crear fantasmas.
Porque cuando un gobierno deja de funcionar, cuando la seguridad se desploma, cuando la economía se estanca, cuando la corrupción deja de ocultarse, cuando la violencia se normaliza… entonces necesita señalar culpables. Y si no existen, los inventa.
Lo realmente peligroso no es una “ultraderecha organizada”.
Lo realmente peligroso es un gobierno decidido a etiquetar como enemigos a todos los que cruzan la línea del pensamiento único.
México no necesita cuentos.
México necesita verdad.
Y esa verdad es muy simple:
la democracia no se defiende censurando, persiguiendo, descalificando o inventando monstruos. Se defiende gobernando bien. Algo que este régimen, con toda su narrativa, no ha logrado hacer.

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