El violento pueblo uniformado en las protestas del 15 de Noviembre

El 15 de noviembre no vimos a una policía.
Vimos a un pueblo uniformado descontrolado.
Un pueblo arrancado de las calles, al que la autoridad le dio casco, escudo, placa y permiso para descargar frustraciones que no son del Estado… sino de su propia vida.
Porque cuando uno observa las imágenes —cuerpos tirados, mujeres jaloneadas, escudos aplastando cabezas, golpes desde el anonimato del casco— queda claro que esto no fue “contención”.
Fue catarsis violenta con uniforme.
No es el profesional, no es el preparado, no es el servidor público. Lo que sale a la superficie es algo más profundo y más triste: gente como cualquiera, pero convertida en un ariete del poder. Personas que el sistema tomó de barrios pobres, de vidas duras, de oficios precarios, y les dio una sola herramienta para sentirse superiores: la fuerza.
Y la fuerza, cuando se entrega sin ética, cuando no va acompañada de inteligencia, cuando no se entrena para contener sino para descargar, se convierte en el arma más primitiva del ser humano.
El pueblo levantado contra el pueblo. Mexicanos sometiendo a mexicanos. Uniformes negros oprimiendo cuerpos sin defensa. Eso fue el 15 de noviembre.
Porque cuando la protesta civil encuentra una muralla de resentimiento, miedo y brutalidad, no es el Estado el que se impone: es un ejército improvisado de ciudadanos rotos.
Y esa es la tragedia.
No es solo abuso policial. Es un espejo del país: un pueblo lastimado al que el gobierno usa como bota sobre otro pueblo lastimado. Un ciclo de violencia pobre contra pobre, donde los de arriba ni se despeinan.
Ese día no vimos estrategia. No vimos profesionalismo. No vimos diálogo.
Vimos a un México cansado golpeando a otro México cansado.
Y mientras el poder celebra “orden”, la calle se llena de moretones, gritos, gas… y el país se llena de vergüenza.
El violento pueblo uniformado actuó como lo que es: un síntoma.
Una consecuencia.
Una maquinaria sin cerebro, solo con instrucciones.
Pero lo más grave es esto:
Si el Estado educa a sus fuerzas como enemigos del ciudadano, ¿qué esperanza nos queda a los ciudadanos frente al Estado?
Las protestas volverán.
La rabia seguirá.
El pueblo seguirá exigiendo.
Ojalá algún día —no muy lejano— dejen de mandar al pueblo uniformado a golpear al pueblo desarmado.
Temas: 15 de noviembre de 2025, protestas, pueblo lastimado, pueblo uniformado
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