Una crónica de la mierdificación de Internet, de la biblioteca universal al centro comercial infinito. Hubo un tiempo en que entrar a Internet tenía algo de expedición. Uno encendía la computadora, escuchaba aquel chirrido metálico del módem y esperaba pacientemente a que la máquina consiguiera conectarse con otro mundo. No había algoritmos tratando de adivinar qué nos haría permanecer diez minutos más frente a la pantalla. Había páginas. Muchas horribles….