José Carlos la vio alejarse hasta perderse en la bruma espesa de la tarde-noche; aún la cubría el abrigo azul que le había prestado, y sus ojos se inundaron del salino olor que aún le quedaba en los labios. El beso de sal -Rocío Prieto Valdivia Había conocido a la mujer tan solo unas horas antes, justo antes de la caída del crepúsculo. Su cabello era tan oscuro como las…