Musas de carne y hueso que inspiraron libros famosos

Alice Liddell
El amor hacia una mujer, correspondido o no, ha sido fuente de inspiración para numerosos escritores a lo largo de la historia. Lou Andreas-Salomé fue capaz de seducir física, emocional e intelectualmente a tres de los pensadores más importantes de la historia: Nietzsche, Freud y Rilke. Conoce su historia y la de más mujeres que inspiraron la literatura universal.
Edith Aron (Rayuela). Conoció a Julio Cortázar en un barco que viajaba de Buenos Aires a Francia. No cruzaron palabra, pero ella quedó impresionada con su porte y la manera afrancesada en que él pronunciaba la letra «r», desde la garganta. Edith iba a Europa a visitar a su padre, quien se había quedado ahí en plena guerra mundial, mientras ella y su madre huían a Argentina.
Tiempo después, Cortázar y Edith se encontraron fortuitamente en una librería del Boulevard Saint Germain, en París. Se reconocieron y se saludaron fugazmente. Días más tarde coincidieron afuera de un cine y esa tarde una vez más compartieron el mismo tiempo y espacio en los Jardines de Luxemburgo. Ahí intercambiaron datos y descubrieron que tenían amigos en común en Buenos Aires.
Así empezaron a verse con más frecuencia. Ella conoció un mundo intelectual al que no estaba acostumbrada y él vio en ella las actitudes con que daría forma a Lucía, «La Maga», protagonista de su novela más conocida. «Un día, mientras comíamos y él jugaba con unas migas de pan que estaban sobre la mesa, me miró y comentó: ‘Tengo ganas de escribir un libro mágico'», explicó Edith a Lanacion.cl.
Ese «libro mágico» se tituló Rayuela y contiene buena parte de las vivencias de Julio Cortázar y Edith Aron, como la vez en que ella se puso a llorar al escuchar un cuento de él. Cortázar tenía 32 años y ella contaba con 23. Ambos se vieron por última vez en un vagón del metro de París, en 1978.
«Se sentó a mi lado y me preguntó: ¿No crees que este encuentro tiene algún sentido? Y me pidió que nos viésemos al día siguiente. Yo le dije que ya no creía en las casualidades y me bajé al llegar a la estación Picadilly», expresó Edith. Cortázar falleció en 1984 y Edith Aron se enteró de su muerte al leer un diario en un café de Londres.
Rosario de la Peña y Llerena («Nocturno a Rosario»). El 6 de diciembre de 1873, el poeta mexicano Manuel Acuña, de 24 años de edad, se suicidó al ingerir cianuro en su dormitorio de la Escuela de Medicina, a unos pasos de la Plaza de Santo Domingo, en el centro de la ciudad de México.
Bajo su cuerpo inerte dejó escrito uno de los poemas de amor frustrado más famosos de todos los tiempos: «Nocturno a Rosario». Dedicado a Rosario de la Peña y Llerena, existe controversia en relación con las verdaderas causas del suicidio de Manuel Acuña.
«Es verdad que Acuña me dedicó su Nocturno antes de matarse, es verdad que conservo el original de esa composición como un tesoro inapreciable, pero es verdad también, que ese Nocturno ha sido un pretexto y nada más que un pretexto de Acuña, para justificar su muerte; uno de tantos caprichos que tienen al final de su vida algunos artistas», expresó alguna vez Rosario, informa el sitio electrónico Literatura.inba.gob.mx.
Se sabe que en septiembre del año en que suicidó, Manuel Acuña le había propuesto a Rosario de la Peña que los dos se suicidaran y que le había argumentado los famosos que se volverían si hacían eso. También se sabe que el poeta sostenía relaciones afectivas mucho menos idealizadas con otras mujeres, como la poetiza Laura Méndez. Además, se ha establecido que la inmensa pobreza en que vivía pudo abonar al deseo «mortal» de Manuel Acuña.
Sea como fuere, de acuerdo con el portal de internet Mexicodesconocido.com.mx, tras la muerte del poeta circularon numerosas versiones de las causas. Entre ellas destaca la idea de que Rosario había estado comprometida con Acuña, pero que él la había tenido que dejar para hacer un viaje urgente. A su regreso, él la habría encontrado ya casada con un amigo suyo. Sin embargo, esta versión es falsa.
Charlotte Buff (Las desventuras del joven Werther). Nacida en 1753, conoció a Johann Wolfgang von Göethe en 1772. Entonces ella estaba comprometida con el diplomático y coleccionista de arte Johann Christian Kestner, amigo de Göethe. Durante una cena, Kestner presentó al escritor con su prometida y propicio que ambos se frecuentaran por el vínculo que lo unía con Göethe.
Descrita como una relación cordial y llena de soltura, el acercamiento entre Buff y Göethe resultó en un amor frustrado para el literato, quien empleó esa vivencia para crear su obra Las desventuras del joven Werther. Göethe incluso fue padrino de bodas de Kestner y Buff.
Alice Liddell (Alicia en el país de las maravillas). Nacida en mayo de 1852 al oeste de Londres, inspiró al británico Lewis Carroll, pseudónimo de Charles Lutwidge Dodgson, a escribir Alicia en el país de las maravillas. Ambos se conocieron en 1856, cuando ella tenía menos de cuatro años y él contaba con 24. Dodgson fue amigo del padre de Alice, párroco de un colegio religioso de Oxford. En principio, ellos dos se frecuentaron por motivos académicos.
Debido a un cierto interés por los niños, que algunos han juzgado de pederasta, aunque no existen pruebas en ese sentido, Dodgson pasó muchas tardes contando historias a Alice y sus hermanas. Mientras viajaban por el río Támesis a bordo de una barca, uno de esos cuentos fue el comienzo de Alicia en el país de las maravillas.
Encantada con la historia, Alice Lidell pidió a Dodgson que la escribiera. Él tardó dos años en hacerlo y, finalmente, le obsequió el manuscrito de Alicia en el país de las maravillas en la navidad de 1864. Previo a esas fiestas, Dodgson había discrepado con los padres de Alice y había limitado sus visitas.
Algunas versiones sugieren que existió un interés romántico-sexual de Dodgson hacia Alice o alguna de sus hermanas. También existe la versión de que el escritor frecuentaba a las niñas como una táctica para acercarse a su niñera.
De acuerdo con los historiadores, el personaje de Alicia no está basado en Alice Lidell. Sin embargo, es un hecho que fue a petición de ella que Dodgson lo volvió un libro, puesto que en él incluso puso un par de dedicatorias a la niña.
Lou Andreas-Salomé. Nacida en Rusia en 1861, esta mujer fue capaz de prendar con su intelecto y belleza a Friedrich Nietzsche, Rainer Maria Rilke y Sigmund Freud, tres de los pensadores más importantes de todos los tiempos. En 1882, cuando tenía 21 años, conoció en la ciudad de Roma a Paul Rée y a Friedrich Nietzsche, por aquel entonces, grandes amigos.
Por separado, convenció a ambos de que establecieran una comuna estudiantil. Para ello, los tres viajaron acompañados de la madre de Salomé a través de Italia, hasta llegar Leipzig, Alemania. Ahí Salomé y Rée se separaron de Nietzsche, puesto que ella estaba convencida de que él la amaba profundamente.
Salomé y Rée viajaron a Berlín, donde vivieron juntos hasta 1887, cuando ella se casó con el profesor de lingüística Carl Friedrich Andreas. Pese a que ella sostuvo relaciones de intimidad física y/o intelectual con varios otros hombres, ese matrimonio duró hasta 1930, año en que Carl Friedrich falleció.
Entre los hombres con los que Salomé sostuvo correspondencia e intercambios ideológicos destaca Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis. Mientras que con Rainer Maria Rilke, poeta de origen checo, sostuvo encuentros más íntimos. Ambos se conocieron en 1897 y mantuvieron un romance hasta 1899. Después, ella fue confidente de Rilke hasta que él murió, en 1926. Él era 14 años menor que ella.
Entretanto, el antiguo amante de Salomé, Paul Rée, se suicidó en 1901, justo en el sitio en donde ella lo había rechazado veinte años antes, el desfiladero de Charnadüra, en Suiza. Los historiadores establecen que si bien él y Salomé se entendían intelectualmente, ella sentía repugnancia física hacia él.
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