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Abandonar los escenarios es como abandonar el orgasmo: Miguel Ríos

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Madrid, España.- Siempre dijo que los viejos rockeros nunca mueren, y lo cierto es que a Miguel Ríos le costó alejarse de los escenarios. Lo hizo definitivamente con una gran gira que culminó en octubre de 2011, en la ciudad mexicana de Guanajuato. Y allí es, precisamente, donde arrancan las primeras líneas de sus memorias, «Cosas que siempre quise contarte».

El «rockero jubilado», como ahora le gusta que se dirijan a él, las presentó hoy en el madrileño Círculo de Bellas Artes. Alegre, bromista y siempre comprometido, Ríos (Granada, 1944) confesó que le dio mucho vértigo poner el punto final a más de 50 años de carrera y ser él quien tomara esa decisión. «Pero probablemente yo ya había visto mi propia caricatura en alguno de mis últimos conciertos», explicó. «Sé que aún estoy de buen ver, pero hay cosas de las que te das cuenta.»

No fue fácil. «Abandonar la calidad de sonido que ahora tenemos en un escenario es como abandonar un orgasmo», declaró el cantante de hits como «Himno a la alegría» o «El blues del autobús». Por eso, aunque se acabaron definitivamente las grandes giras, sí seguirá tocando para auditorios más pequeños, como el concierto benéfico que ofrecerá a finales de mes a las afueras de Madrid, y sus memorias llegan con un tema inédito que también lleva por título «Cosas que siempre quise contarte».

Puede que muchos fans se sorprendan al leer algunas de esas historias que Ríos no había contado hasta ahora. Con un estilo sencillo y directo, el cantante recuerda aquel primer «contrato» por tres pesetas cuando apenas tenía 11 ó 12 años: su hermano mayor le pagaría si cantaba en la radio «Granada» y se la dedicaba a la chica a la que quería conquistar. Y el pequeño de los Ríos no se lo pensó dos veces.

Así comenzó una carrera precoz, pues ya en la década de los 60 era conocido como Mike Ríos y despuntó como uno de los pioneros del rock en España. Fueron «días de vino y porros» y, aunque nunca tuvo esa imagen de rockero transgresor a lo Keith Richards -«yo tomaba drogas siempre que no me jodieran la garganta», explica-, en los tiempos del régimen de Franco fumar marihuana podía costar la cárcel. Y a Ríos le costó un mes en la prisión de Carabanchel.

«Fue el momento más jodido de mi vida. Un momento ‘crossover’ existencial potentísimo», afirmó. De repente, se encontró metido «donde el franquismo llevaba a torturar a algunos tipos por sus ideas», unas «mazmorras medievales» para las que él no estaba preparado. «Por fumarte un canuto perdías toda tu dignidad, te maceraban hasta el punto de perder tu identidad. Fue muy duro.»

A lo largo de más de 350 páginas, Ríos narra también cómo en su juventud cayó «en brazos de la mujer madura» -su vecina del bajo- y que en la España de mitad de los 60, «follar no era pecado, porque seguía siendo un milagro.» Confiesta que le gustaba Rocío Dúrcal «más que comer con los dedos», pero siempre fue un artista discreto en cuanto a su vida personal: «Desde joven aprendí que si decías que tenías novia se te iban las fans», explicó con una sonrisa pícara.

Como no podía ser de otra manera, en sus memorias Ríos también hace un repaso a los grandes hitos de su carrera, desde el «Himno a la alegría» a las grandes giras de los 80 como «Rock and Ríos» y «El rock de una noche de verano». «Yo mismo me he asombrado de verme cantar ante ingente cantidad de gente, y la Plaza del Zócalo de México es uno de esos lugares «bigger than life», señaló.

Con «Rock en el ruedo» (1985) llegó su «pico artístico» pero también su «fracaso más sonado», y ese mismo año organizó los Encuentros de Rock Iberoamericano, con los que dejaba patente su admiración por el género al otro lado del Atlántico. Y ya en los 90 realizó junto a Serrat, Ana Belén y Víctor Manuel una de sus giras más populares: «El gusto es nuestro».

Siempre beligerante, con su «corazoncito de izquierdas», aprovechó la ocasión para reivindicar la industria musical -«nos la han robado a mano muy armada»-, criticó el IVA cultural del 21 por cierto impuesto por el actual gobierno y la cultura del «todo gratis» y celebró que el rock goce «de una excelentísima salud», aunque en España falten tiendas de discos. Porque él será un rockero jubilado, sí. Pero el rock sigue más vivo que nunca.

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