Alzar la voz ante el poder era un derecho, hasta que la que lo exigía llegó al poder
Alzar la voz ante el poder era un derecho, hasta que la que lo exigía llegó al poder. Más allá de nombres, partidos, colores o coyunturas, vale la pena detenernos en la idea de fondo.
Porque esta reflexión no debería utilizarse únicamente para golpear al adversario político. Debería servirnos para mirarnos todos al espejo.
La libertad de expresión no puede depender de quién gobierna, de quién protesta, de quién pregunta ni de quién recibe la crítica.
Desde Feeling.Mx creemos profundamente en algo sencillo: una sociedad democrática necesita ciudadanos que hablen, periodistas que pregunten, medios que investiguen, gobernantes que respondan y personas capaces de disentir sin convertirse por ello en enemigos.
Lo decimos con respeto. Y también con mucho amor. Porque amar a México no significa guardar silencio. Amar a nuestra comunidad no significa aplaudir todo. Amar a quienes gobiernan tampoco significa evitarles preguntas incómodas.
Al contrario: cuando exigimos cuentas, cuando cuestionamos decisiones, cuando señalamos contradicciones o pedimos explicaciones, también estamos participando en la construcción de un país mejor.
Nuestra Constitución no establece que la libertad de expresión sea exclusiva de una ideología. El artículo 6 reconoce la manifestación de las ideas y garantiza el derecho de las personas a buscar, recibir y difundir información e ideas; el artículo 7 establece que es inviolable la libertad de difundir opiniones, información e ideas y prohíbe la censura.
Es decir: la crítica no es una cortesía concedida desde Palacio, desde un Congreso, desde una gubernatura o desde una presidencia municipal. Es un derecho.
Y los derechos tienen una característica fundamental: también deben proteger a quienes piensan distinto de nosotros.
Resulta relativamente fácil defender la libertad de expresión cuando quien habla coincide con nuestras ideas. La prueba verdadera llega cuando escuchamos algo que nos molesta, nos contradice o cuestiona aquello en lo que creemos.
Ahí comienza la tolerancia democrática.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha sostenido que las expresiones relacionadas con funcionarios públicos y con personas que intervienen en asuntos de interés público tienen una protección especialmente amplia y que quienes desempeñan funciones públicas están sujetos a un mayor escrutinio ciudadano. Publicado en el Semanario Judicial de la Federación.
Esto tampoco significa que todo esté permitido.
La libertad de expresión no convierte la mentira deliberada en virtud, no justifica amenazas, no cancela el derecho a la vida privada ni elimina el derecho de réplica. Periodistas, comunicadores y ciudadanos también tenemos responsabilidades.
Debemos verificar.
Debemos distinguir información de opinión.
Debemos corregir cuando nos equivocamos.
Debemos escuchar a la otra parte.
Y debemos recordar siempre que detrás de cada cargo público existe también una persona. Pero exactamente esa misma humanidad debería funcionar en sentido contrario.
Quien llega al poder no deja de ser ciudadano, pero adquiere una responsabilidad adicional: comprender que administrar lo público significa aceptar preguntas públicas.
No debería existir una libertad de expresión para la oposición y otra para el gobierno.
No debería existir una libertad para cuando marchamos y otra para cuando gobernamos.
No debería haber periodistas buenos cuando nos favorecen y periodistas malos cuando nos cuestionan.
Tampoco deberían existir ciudadanos respetables únicamente mientras estén de acuerdo.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha señalado igualmente que quienes ejercen funciones públicas están sometidos a un mayor escrutinio porque sus actuaciones pertenecen al ámbito del interés colectivo. Ese estándar busca favorecer un debate público vigoroso, indispensable en una sociedad democrática.
Y aquí aparece algo todavía más importante.
La libertad de expresión no pertenece a la izquierda ni a la derecha.
No pertenece al gobierno ni a la oposición.
No pertenece a periodistas, políticos, empresarios o activistas.
Nos pertenece a todos.
Por eso debemos cuidarla incluso —y quizá especialmente— cuando habla alguien con quien no estamos de acuerdo.
En Feeling.Mx queremos seguir haciendo precisamente eso: preguntar. Preguntar sin odio. Criticar sin destruir. Reconocer cuando algo está bien y señalar cuando consideremos que algo está mal. Escuchar argumentos. Dar espacio a distintas voces.
Rectificar cuando tengamos que hacerlo. Y nunca perder la capacidad de conversar. Porque también creemos que México está demasiado polarizado como para seguir pensando que cada diferencia debe convertirse en una guerra.
Podemos cuestionar profundamente una decisión pública y al mismo tiempo respetar a quien la tomó. Podemos exigir transparencia sin deshumanizar. Podemos denunciar un abuso sin sembrar odio. Podemos discutir apasionadamente y después seguir siendo vecinos, amigos, compañeros y mexicanos.
Eso también es democracia.
Y quizá sea el desafío más grande de nuestro tiempo: aprender que pensar diferente no debería significar querernos menos.
Quienes ayer exigieron libertad deberían defenderla hoy. Quienes hoy critican al poder deberán defenderla mañana si algún día llegan a ejercerlo.
Porque las personas cambian.
Los gobiernos cambian.
Los partidos cambian.
Las mayorías cambian.
Pero hay principios que deberían permanecer.
Uno de ellos es poder levantar la voz.
Sin miedo.
Sin pedir permiso.
Sin importar quién ocupe temporalmente la silla del poder.
Desde Feeling.Mx seguiremos creyendo que una palabra dicha con argumentos puede incomodar, pero también puede corregir; que una pregunta puede molestar, pero también puede evitar un abuso; y que una crítica formulada con responsabilidad puede ser, incluso, un acto de amor por nuestra comunidad.
Porque queremos un México donde nadie tenga que guardar silencio para pertenecer. Donde gobernar no signifique dejar de escuchar. Donde disentir no signifique convertirse en enemigo. Y donde podamos seguir hablando, debatiendo, cuestionando y construyendo juntos.
Con libertad, con respeto y, sobre todo, con mucho amor.
Desde Feeling.Mx.

Temas: Claudia Sheinbaum Pardo, critica, democracia, Derecho, derechos, libertad de expresion, opinion, Poder
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