Soberanía energética es no pedir ni sol, ni viento a nadie, dijo Claudia Sheinbaum.
Soberanía energética es no pedir ni sol, ni viento a nadie, dijo Claudia Sheinbaum.
Hay frases que suenan poderosas.
Contundentes.
Hasta poéticas.
Y claro… la frase funciona. Tiene ritmo, tiene fuerza, tiene identidad. Pero cuando uno la baja del discurso a la realidad, la pregunta es inevitable:
¿Se puede realmente “no pedir” ni el sol ni el viento?
Porque aquí hay algo que no cuadra.
El sol no es de nadie.
El viento tampoco.
No se piden… se aprovechan.
La trampa del lenguaje
El problema no es la intención.
México —como cualquier país— tiene derecho a buscar autonomía energética. A no depender de decisiones externas, de conflictos internacionales o de mercados volátiles.
Eso es legítimo.
Pero convertir esa aspiración en una narrativa donde pareciera que la soberanía consiste en cerrarse al mundo… es otra cosa.
Porque en pleno dos mil veintiséis, la energía ya no es solo petróleo.
Es tecnología.
Es innovación.
Es inversión.
Es colaboración.
Y sobre todo… es transición.
La contradicción de fondo
Hablar de no “pedir” el sol ni el viento suena a independencia total, pero la realidad es más compleja:
La energía solar depende de tecnología que no siempre se produce en México.
La energía eólica requiere infraestructura, financiamiento y redes inteligentes.
La transición energética global está basada en cooperación, no en aislamiento.
Entonces, ¿de qué soberanía estamos hablando?
¿De generar nuestra propia energía?
¿O de rechazar la integración que el mundo ya está viviendo?
Porque una cosa es no depender, y otra muy distinta es negarse a evolucionar.
Soberanía no es romanticismo
La soberanía energética no debería ser una frase bonita para discursos.
Debería ser una estrategia seria.
Una que incluya:
Aprovechar al máximo los recursos naturales del país
Invertir en energías limpias
Fortalecer la infraestructura nacional
Y sí… también colaborar inteligentemente con el mundo
Porque en energía —como en economía— nadie es completamente autosuficiente.
Ni siquiera las grandes potencias.
México frente al espejo energético
México tiene sol de sobra.
Tiene viento.
Tiene geografía privilegiada.
Pero también tiene rezagos, decisiones cuestionables y una política energética que muchas veces parece mirar más al pasado que al futuro.
Y ahí está el verdadero dilema.
No es si pedimos o no el sol.
Es si sabemos qué hacer con él.
Una frase… y muchas preguntas
El discurso de la soberanía conecta con algo profundo: el orgullo nacional.
Pero también puede ser un arma de doble filo cuando se convierte en simplificación.
Porque no se trata de pedir permiso al sol…
se trata de no desperdiciarlo.
No se trata de depender del viento…
se trata de aprender a convertirlo en desarrollo.
Cierre
Hoy, más que nunca, México necesita claridad, no metáforas.
Porque la soberanía energética no está en las palabras…
está en las decisiones.
Y esas decisiones no se miden por lo que se dice en un micrófono,
sino por lo que se construye en la realidad.
️
Opinión que incomoda.
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La emoción, la razón y el corazón de la información.
"Que la inteligencia, que no le sobra, siga siendo su guía” Beatriz Gutiérrez Müller sobre Claudia Sheinbaum
“Tener el sol y el viento en territorio nacional es soberanía, porque no tenemos que pedirle ni sol ni viento a nadie”: Claudia Sheinbaum
Está es la científica… pic.twitter.com/x6SYv8ewJF
— Revista enFila (@revista_enfila) April 8, 2026
Presenta Sheinbaum acciones para alcanzar soberanía energética#presidentasheinbaum #mañaneradelpueblo #SoberaniaEnergetica pic.twitter.com/UtFXVferdW
— NX Noticias (@NXNoticias) April 8, 2026
La presidenta Claudia Sheinbaum señaló que, por razones ambientales y de soberanía, se producirán 1.8 millones de barriles diarios de petróleo; agregó que se incrementarán las fuentes renovables. pic.twitter.com/MxlbS9tIvI
— NMás (@nmas) April 8, 2026
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