Desaparecer en México, o cuando el silencio del Estado pesa más que las cifras
Desaparecer en México, o cuando el silencio del Estado pesa más que las cifras. México no solo enfrenta una crisis.
Enfrenta una herida abierta. Más de ciento treinta mil personas desaparecidas no son una estadística. Son nombres.
Son historias interrumpidas. Son familias viviendo en pausa.
Y ahora, esa realidad —que durante años se ha intentado administrar, maquillar o diluir en discursos— ha cruzado una frontera incómoda: la internacional.
El Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU ha decidido escalar el caso de México hacia la Asamblea General. No es un trámite menor. No es un gesto diplomático rutinario. Es, en términos claros, un señalamiento grave y excepcional.
Una alerta.
Una advertencia.
No es percepción: es patrón
Lo que documenta el informe no es un conjunto de hechos aislados.
Es un patrón.
Un patrón que se repite en las treinta y dos entidades del país.
Un patrón donde no solo aparece el crimen organizado… sino también el Estado.
Policías municipales.
Corporaciones estatales.
Autoridades ministeriales.
Incluso fuerzas federales y militares señaladas en distintos casos.
No en todos.
Pero sí en suficientes como para encender todas las alarmas.
Porque cuando quien debería proteger… aparece en la sombra de la desaparición, el problema deja de ser de seguridad y se convierte en un problema de Estado.
La negación como política
La reacción oficial no ha sido de apertura.
Ha sido de contención.
Se ha minimizado el alcance del informe.
Se ha cuestionado la narrativa internacional.
Se ha insinuado incluso una intromisión.
Pero hay algo profundamente preocupante en esa postura:
no confronta el problema… lo evade.
Porque negar no reduce el número de desaparecidos.
Desacreditar no regresa a nadie a casa.
Y confrontar a organismos internacionales no sustituye la justicia.
La impunidad como constante
Los propios informes lo señalan desde hace años:
Investigaciones deficientes.
Registros incompletos.
Falta de coordinación.
Y una impunidad que, en muchos casos, roza lo absoluto.
Se judicializa apenas una fracción mínima de los casos.
Las familias se convierten en buscadoras.
El Estado llega tarde… o no llega.
Y mientras tanto, el número crece.
El verdadero rostro de la crisis
Esta no es solo una crisis de seguridad.
Es una crisis de derechos humanos.
Pero también es una crisis de credibilidad.
Porque cuando un país acumula más de ciento treinta mil desapariciones y la respuesta institucional es defensiva… algo se rompe.
Se rompe la confianza.
Se rompe la narrativa oficial.
Se rompe la idea de que el Estado tiene control de lo que ocurre en su propio territorio.
Entre la soberanía y la realidad
El argumento de la soberanía siempre aparece en estos momentos.
Y sí, es válido.
Pero la soberanía no puede convertirse en escudo para evitar la rendición de cuentas.
Aceptar cooperación internacional no es rendirse.
Es reconocer que el problema ha rebasado las capacidades internas.
Y eso no es debilidad.
Es responsabilidad.
Las familias: el centro que se ignora
Mientras se debaten posturas políticas y narrativas diplomáticas… hay madres escarbando la tierra con sus propias manos.
Hay colectivos que han hecho el trabajo que el Estado no ha podido —o no ha querido— hacer.
Ellas no hablan de geopolítica.
Hablan de encontrar a sus hijos.
Y esa es la parte más dura de esta historia:
que la dignidad ha tenido que organizarse desde abajo.
Conclusión: el punto de quiebre
México está frente a un momento decisivo.
No por lo que diga la ONU.
Sino por lo que el propio país está dispuesto a reconocer.
Porque el verdadero problema no es que el mundo esté mirando.
El problema es que durante años… no se quiso ver hacia adentro.
Y hoy, esa omisión pesa.
Pesa en cada familia.
Pesa en cada expediente sin resolver.
Pesa en cada ausencia.
México no necesita discursos más firmes.
Necesita respuestas más profundas.
Porque en este país… desaparecer no debería ser posible.
Y, sin embargo, sigue ocurriendo.
Feeling.Mx
La emoción, la razón y el corazón de la información.
Compartimos el Video de Giresse López, en Youtube. Muy bien planteado, desde el título «1 de cada mil, desaparecidos en México».
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