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Cuando defender un parque se convierte en delito

Publicado: febrero 24, 2026
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Cuando defender un parque se convierte en delito: Un parque no es un terreno baldío. No es un espacio “disponible”. No es una reserva inmobiliaria disfrazada de área verde. Un parque es memoria colectiva, punto de encuentro, pulmón urbano y patrimonio social. Y cuando una comunidad tiene que salir a manifestarse para defenderlo, algo está profundamente mal.

Próximo jueves 26 de febrero de 5:00 a 6:00 pm estará la amiga Dina Montoya en el PODCAST DE ASES con el tema del parque de la Ampliación Moderna

Publicado por Carlos Sanchez Ayala en Martes, 24 de febrero de 2026

El parque de la colonia Ampliación Moderna ha sido utilizado durante aproximadamente 60 años por vecinos, niños, adultos mayores y familias enteras. Seis décadas de historia comunitaria no pueden borrarse con una cerca, una restricción administrativa o una decisión tomada en escritorio.

Desde septiembre de 2023 comenzó el despojo gradual: primero un espacio, luego dos más. Hoy, apenas queda la cancha de básquetbol como símbolo mínimo de lo que fue un parque completo. El patrón es conocido: se reduce el acceso, se fragmenta el uso, se normaliza la pérdida. Y cuando la comunidad protesta, entonces aparecen los expedientes.

Porque aquí el problema ya no es solo urbano. Es jurídico y moral.

Tres personas de la comunidad enfrentan una demanda penal por delitos como despojo y robo. Se les acusa por defender un espacio que históricamente ha sido parque, autorizado como tal desde la fundación de la colonia. La pregunta es inevitable: ¿en qué momento cuidar lo público se convirtió en delito?

Criminalizar a ciudadanos por proteger un área verde no es gobernanza; es intimidación. No es orden legal; es inversión de responsabilidades. Las autoridades tienen una obligación constitucional clara: proteger el patrimonio público. Si esa obligación no se cumple, la omisión también tiene nombre.

La narrativa oficial suele hablar de desarrollo, de regularización, de proyectos. Pero desarrollo no es desaparecer parques. Progreso no es reducir áreas verdes. Modernidad no es pavimentar la memoria comunitaria.

México —y particularmente nuestras ciudades— han perdido demasiados espacios públicos bajo el argumento de la necesidad, la inversión o la falta de papeles claros. Sin embargo, cuando una comunidad organizada toca puertas —Presidencia, Gobierno del Estado, Ayuntamiento, Regidores, Derechos Humanos— y no obtiene soluciones de fondo, el mensaje es devastador: el ciudadano insiste, la autoridad escucha… pero no resuelve.

Y entonces llega la criminalización.

Este caso no es solo el de Ampliación Moderna. Es un espejo. ¿Cuántos parques han desaparecido en silencio? ¿Cuántas áreas verdes se han fragmentado hasta que la gente se acostumbra a que ya no estén? La normalización es el peor enemigo del espacio público.

Un parque no es un lujo. Es un derecho urbano. Es salud mental, convivencia, seguridad preventiva y calidad de vida. Quitar espacios verdes no solo afecta la estética de una colonia; afecta el tejido social.

Hoy la comunidad no está pidiendo privilegios. Está pidiendo que se respete lo que siempre ha sido de todos. Está exigiendo que no se criminalice la defensa del bien común. Está recordando que la ciudad pertenece a quienes la habitan, no a quienes la administran temporalmente.

Defender un parque no debería requerir abogados. No debería implicar expedientes penales. No debería dividir a vecinos.

Si permitir que se pierda un parque se vuelve costumbre, mañana perderemos algo más grande: la capacidad de organizarnos para proteger lo que es nuestro.

Salvar los parques no es romanticismo ambiental. Es defensa del espacio público, del derecho a la ciudad y de la dignidad comunitaria.

Y eso nunca debería ser delito.

Defender un parque no es delito. Cuando una ciudadana termina indiciada por defender un parque público, el problema ya no es jurídico: es ético. Dina Montoya no está acusada por apropiarse de algo ajeno; está señalada por proteger un espacio que por más de 60 años ha sido de la comunidad.

La historia del parque de la Ampliación Moderna no es un conflicto aislado: es el reflejo de cómo los espacios públicos pueden reducirse, fragmentarse y finalmente desaparecer si la ciudadanía no alza la voz.

Si defender áreas verdes se convierte en causa penal, entonces la discusión que debemos tener es mucho más profunda.

En el capítulo anterior de Podcast de Ases:

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