Tinte, tijera y democracia… hay estética en el Senado de la República
Seguramente ustedes, ciudadanos con tiempo libre y un poco de buena fe -aún- en las instituciones (aww que ternura), ya vieron el video que circula como mechón rubio al viento por redes sociales: una senadora del Partido Verde, Juanita Guerra, sentadita en pleno Senado de la República, recibiendo un servicio de tinte capilar profesional como quien se aplica la Constitución en las raíces y recorte en las puntas.
Sí. Un salón de belleza en el Senado. No es una metáfora. No es sátira. No es una serie de Netflix. Es México.
El reportaje de Proceso y el video captado por periodistas como Héctor García y Mayumi Suzuki nos muestran un escenario digno de reality show legislativo: sillones, espejos, tinte en la cabeza… y mientras tanto, el país ardiendo como toma clandestina de huachicol en Rosarito. Pero oigan, al menos el cabellito bien parejito de corte y tinte.
Según declaraciones oficiales, el “servicio” existe desde legislaturas pasadas, se ubica al lado del servicio médico (porque claro, nada más natural que poner una plancha de cabello junto a los estetoscopios), y funciona solo en días de sesión. Es decir: los días más importantes, cuando se presentan a «trabajar». Esos en los que deberían estar legislando, no retocando el peinado.
Y sí, nos juran que cada senadora o senador paga su propio tinte. Ajá. Como cuando uno “paga sus impuestos con gusto”. Qué alivio saber que no es con dinero público… solamente con tiempo público, espacio público y paciencia pública. Porque eso sí es gratis, ¿no?
La presidenta de la Mesa Directiva del Senado dice que esto “no es fuera de lo normal”. Y en cierto sentido, tiene razón. No es anormal. Es perfectamente congruente con el nivel de espectáculo, frivolidad institucional y autocomplacencia que domina tantos espacios de poder en este país.
Mientras tanto, allá afuera, millones de personas se tiñen el cabello en la cocina de su casa con guantes de supermercado porque no les alcanza para ir al salón. Pero nuestras legisladoras no pueden votar sin un buen brushing. Porque la democracia, al parecer, entra por la raíz.
En resumen: tenemos un Congreso que peina bien los problemas… pero no los resuelve. ¿Ya conocían a Juanita? Tenía que preguntar…
(Leer tres veces sin estallar en risa o desdén cívico. O al menos inténtalo.)
Si una senadora se sienta a sesionar sin secarse su sereno flequillo,
¿será certera su sentencia o se sentirá simplemente sin brillo?
Juanita la senadora, tintada y peinada, se tornó tema trillado,
porque mientras tramitaba tratados, le trapeaban el peinado.
Tinte que entinta la testa tan tiesa,
tinte que atenta contra la tristeza.
¿Tanta tenacidad en tratar el Tratado
o solo un tono tostado en el cabello aplicado?
Si el salón senatorial se sostiene en sesiones,
¿se suspende si surgen severas objeciones?
La peinadora pregunta:
—¿Peino a la patria o a la parlamentaria puntual?
—¡Peina a quien pague!, responde el personal.
Pero si el pueblo paga, ¿por qué no peinar al populacho?
¿O solo senadores se sientan en ese sagrado despacho?
Por eso proponemos, con pompa y postura,
que quien pronuncie este trabalenguas con perfecta dicción y bravura,
reciba como premio, sin pagar con factura,
¡un corte de cortesía en la cámara más pura!
Solo graben su voz, sin trabarse ni una vez,
y podrán lucir peinado… como legislador burgués.
Todos nos hacemos cosas en el cabello, pero no el el Senado, ni en horario laboral…
Cuánto costó eso? A mérito de qué? Quién lo aprobó? Por qué habría un salón de belleza dentro del Senado? Los reglamentos lo permiten?
Esto se parece a lo que hacían los neoliberales en otras… https://t.co/pTtStkc4ge— Nayeli Roldán (@nayaroldan) February 4, 2026
Esta investigación la hice en 2017, cuando el @senadomexicano gastaba 1.2 millones de pesos en la peluquería y la estética que funcionaron hasta 2018, cuando @RicardoMonrealA ordenó la suspensión de ese servicio, porque lo consideró un privilegio; privilegio que se repuso hace…
— Leti RoblesdelaRosa (@letroblesrosa) February 4, 2026
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