La impunidad y la corrupción bailan felices en México
En México, mientras la justicia tropieza, la propaganda baila. Hay escenas que parecen sacadas de una comedia negra: sonrisas, coreografías, promoción política y aplausos, todo al mismo tiempo que los expedientes judiciales se empolvan y las irregularidades se normalizan. No es metáfora: es el retrato de un país donde el espectáculo avanza más rápido que la ley.
Cuando figuras públicas se prestan —voluntaria o convenientemente— a promover proyectos políticos, el problema no es el baile ni la sonrisa, sino el contexto. Un contexto donde concursos señalados por irregularidades, personajes con cuentas pendientes ante la justicia y decisiones judiciales cuestionables conviven sin pudor con la narrativa oficial del “combate a la corrupción”. Aquí no hay contradicción: hay cinismo institucionalizado.
La impunidad no necesita esconderse cuando el poder la protege. Se pasea, se exhibe y hasta se celebra. Mientras tanto, la Fiscalía aparece y desaparece según convenga; los perdones se anulan cuando ya no estorban y la justicia se administra como un recurso político, no como un derecho ciudadano.
Así, México se convierte en una pista donde la corrupción marca el ritmo y la impunidad lleva el compás. Y la pregunta no es quién baila hoy, sino hasta cuándo seguiremos aplaudiendo como público cautivo, mientras el país se queda sin música… pero también sin justicia.
La impunidad y la corrupción bailan felices en México, a la vista de todos.
— Feeling.Mx (@FeelingMx) December 18, 2025
El Huachicol todo lo compra… Hasta algunas porras… https://t.co/RWM4EhF1d2
— Chavo del Toro ️ (@chavodeltoro) December 17, 2025

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