Cuando eliges al rival más fuerte para intimidar al los más débiles
En política nada es casualidad. Y cuando un gobierno decide enfrentarse con el adversario más fuerte, no siempre lo hace para ganar; lo hace para intimidar a los demás.
Porque escoger al rival más poderoso no es valentía, es estrategia de exhibición, se escoge al gigante para que los pequeños se asusten. Para que el ciudadano común piense que si el gobierno se atreve a desafiar a un millonario, a un empresario influyente,
a una figura mediática… ¿qué no podría hacerle a alguien sin recursos ni reflectores?
Ese es el mensaje oculto:
“Si puedo contra él, imagina lo que puedo hacer contigo.”
Y mientras el gobierno presume fuerza, los débiles sienten el golpe psicológico. Porque la pelea no es contra el poderoso, la pelea es para disciplinar a los demás.
Lo han hecho dictaduras, lo han hecho regímenes autoritarios, y lo hacen también los gobiernos que necesitan construir un monstruo
para justificar su propio abuso.
Pero hay un pequeño detalle que suelen olvidar: un rival fuerte tiene algo que el débil no; capacidad de respuesta.
Y cuando el poder despierta a la bestia equivocada, el ruido no se queda en un expediente. Se convierte en una guerra pública, mediática, económica. una que puede terminar costándole más al gobierno que el propio conflicto original. ¿No es esa la razón que dio AMLO para no pelear contra el narcotráfico? Es responsable y parte de este conflicto, sino es que también fue el juez.
La fuerza real de un gobierno no se mide por a quién ataca, sino por cómo trata a quienes no pueden defenderse. El poderoso puede devolver el golpe; el ciudadano no. Por eso, cuando el poder elige a su enemigo más grande, no está mostrando en realidad la valía de la justicia; está enviando un mensaje de intimidación a los más pequeños.
Y cuando un gobierno decide y actúa desde el miedo, no es fuerte; es frágil.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación acaba de mandar un mensaje que retumbó en los pasillos del poder:
Ricardo Salinas Pliego debe pagar.
Sin amparos, sin pretextos, sin atajos legales. La Corte habló… y el gobierno celebró.
Pero quizá no entendieron lo que realmente pasó hoy.
Cuando el Estado decide cobrar lo que corresponde, eso es justicia fiscal. Pero cuando lo hace abusando, sin equidad y en medio de una guerra política, eso ya es estrategia. Y una estrategia mal calculada puede despertar algo peor que un adversario, puede despertar a un opositor con recursos, arrastre y micrófono.
Hoy, el gobierno no solo ganó un pleito judicial. También ganó a su mayor enemigo. Uno con capacidad económica, con plataforma mediática y con un resentimiento que no se compra; ni se olvida.
Salinas Pliego no será santo de la devoción de muchos, pero tampoco es ingenuo. Si algo lo define es que responde, ataca, expone y no se calla. Y un poder que presume fortaleza, pero que sufre alergia a la crítica, podría haberse equivocado de oponente.
Este gobierno está acostumbrado a pelear con periodistas, activistas, ciudadanos, opositores sin estructura. Pero ahora se echó de enemigo jurado a alguien, que no necesita de pedir prestado para pelear.
Pudo haber sido una victoria fiscal, pero terminó siendo una derrota estratégica. Porque no hay nada más peligroso para un gobierno
que un enemigo al que él mismo le dio los motivos y le quito el derecho de audiencia. Y de un juicio justo.
Hoy la Corte habló de impuestos, pero mañana el país, y nosotros los habitantes y ciudadanos contribuyentes hablaremos de consecuencias. El tiempo dirá si se lo cobraron con justicia… o si se cobraron una factura que costará más de lo que valía.
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Temas: libertad, Poder, Resistencia, Ricardo Salinas Pliego, SCJN, tension
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