Fiesta en el Zócalo, luto en Iztapalapa, respetemos el luto de los deudos
Mientras en el Zócalo de la Ciudad de México se prepara un festejo multitudinario con música, luces y fuegos artificiales, en Iztapalapa decenas de familias viven el dolor más profundo. Trece personas han muerto, 40 siguen hospitalizadas y muchas más arrastran las secuelas de la tragedia ocasionada por la pipa de gas en el Puente de La Concordia.
En este contraste se refleja la insensibilidad de un sistema político que no sabe priorizar. ¿De verdad es momento de gastar millones en un concierto cuando hay familias que han perdido a un ser querido? La música de La Arrolladora sonará fuerte en el Zócalo, pero los gritos de auxilio y el llanto en los hospitales deberían retumbar con más fuerza en la conciencia de nuestras autoridades.
No se trata de cancelar la celebración de fiestas patrias ni de silenciar la alegría, sino de entender que la solidaridad se demuestra con hechos. El dinero destinado a la fiesta podría ser un alivio inmediato para las víctimas: para cubrir gastos médicos, para apoyar… para acompañar a los deudos en su duelo.
La Arrolladora y el gobierno tienen en sus manos la oportunidad de enviar un mensaje distinto: que la fiesta no es indiferente al dolor, que la música también puede ser un acto de solidaridad y que el poder político puede priorizar a su gente por encima del espectáculo.
Porque mientras sigamos celebrando como si nada pasara, mientras la vida de muchos mexicanos valga menos que un concierto en el Zócalo, seguiremos confirmando la amarga frase: “Por eso estamos como estamos.”

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