Del mito del “mejor presidente” a la realidad que dejó López Obrador
La historia terminará por poner las cosas en su lugar, pero algunos ya lo están haciendo con precisión quirúrgica.
¡Tómala! Los gobernantes se miden por los resultados y, en el caso de López Obrador, se puede argumentar que ha sido López el peor presidente del México contemporáneo. @rivapa_oficial pic.twitter.com/Ua9Qcs9EvW
— Bere Aguilar (@bereaguilarv) June 20, 2025
Raymundo Riva Palacio lo sintetiza sin rodeos: Andrés Manuel López Obrador no es el mejor presidente de la historia, sino posiblemente el peor. Y lo demuestra con datos, cifras y hechos, no con consignas ni pasiones.
A lo largo de seis años, el régimen lopezobradorista tejió un discurso mesiánico basado en la promesa de transformación. Sin embargo, la realidad que deja es la de un país más dividido, más empobrecido y más opaco. El «huachicol», que iba a erradicar con una guerra, no solo no desapareció: el robo de combustible se sofisticó y aumentó. La refinería Dos Bocas, joya del capricho presidencial, terminó costando más del doble de lo prometido y no ha producido una sola gota de gasolina. ¿Resultado? Más de 500 mil millones de pesos enterrados, o se hicieron humo. (Y ahora hay hasta refinerías informales o clandestinas que si refinan)
"Quien montó esta mini refinería tuvo el capital, el tiempo, el anillo de protección (…) y que se pueda montar sin el conocimiento de las aduanas, sin la ayuda de protección policial de los municipios", analizó David Saucedo.#HoyEsRisco con Javier Risco (@jrisco). pic.twitter.com/NBJW2ddFcB
— Grupo Fórmula (@Radio_Formula) June 20, 2025
El aeropuerto Felipe Ángeles, sin vuelos ni rentabilidad, es otro monumento a la ineficiencia. Las “megaobras” de AMLO son en realidad megaagujeros fiscales disfrazados de progreso. Todo con presupuestos inflados, discrecionalidad en los contratos y sin rendición de cuentas. El ejército, que antes combatía al crimen, ahora se volvió administrador de trenes, puertos, aeropuertos, gasolineras y hasta del dinero en efectivo.
Pero lo más grave no es el despilfarro. Es la mentira sistemática. López Obrador vendió un discurso de honestidad mientras sus allegados tejían redes de corrupción al amparo de la opacidad. Sus enemigos fueron estigmatizados, su popularidad blindada con programas clientelares, y la ley fue doblada hasta romperse.
Hoy, su sucesora lo llama “el mejor presidente de la historia”. Pero la historia, la de verdad, la que no escribe el poder, sino el tiempo y los hechos, ha empezado a desmentirlo pronto. Porque lo que deja López Obrador no es una transformación, sino una devastación maquillada de superioridad moral.
Y cuando se apaguen los aplausos y se enfríen las cabezas, solo quedará lo tangible: obras inservibles, promesas rotas y una sociedad que todavía no sabe cuánto le costó el culto al líder.
Temas: Corrupción, fracaso, Huachicol, Lopez Obrador, megaobras, opacidad
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