Musk vs Trump — la guerra de los egos subsidiados
Y así, el show de la política estadounidense entra en su nuevo episodio de reality distópico: Donald Trump amenaza con retirarle todos los subsidios y contratos a Elon Musk. No por problemas técnicos, ni por incumplimientos contractuales, sino porque el magnate se atrevió a llamarle “abominación repugnante” al nuevo plan fiscal republicano. Una crítica, por cierto, respaldada por la propia Oficina Presupuestaria del Congreso, que proyecta un déficit de 2.4 billones de dólares. Pero claro, eso es menos importante que los sentimientos heridos de Trump.
En su red social Truth Social, el expresidente escribió:
“La manera más fácil de ahorrar miles de millones de dólares en nuestro presupuesto es cancelar los subsidios y contratos gubernamentales de Elon. ¡Siempre me sorprendió que Biden no lo hiciera!”
(Truth Social, 5 de junio)
Musk, nunca tímido para la confrontación, contraatacó desde su plataforma X, lanzando acusaciones incendiarias sobre los archivos de Jeffrey Epstein y sugiriendo que Trump no habría ganado en 2016 sin su bendición tecno-mesiánica. El drama es puro oro mediático. Pero detrás de las frases altisonantes y las amenazas de romper relaciones como adolescentes peleados en un chat grupal, hay consecuencias reales.
SpaceX, Starlink y Tesla no son startups de garaje. Manejan miles de millones en contratos públicos —desde satélites militares hasta camionetas futuristas para el Departamento de Estado. De hecho, solo SpaceX tiene vigente un contrato de $5,900 millones con la Fuerza Espacial, más otros cientos de millones por servicios de comunicación estratégica (EFE, 6 de junio).
La amenaza de Trump es tan política como performativa. Cancelar esos contratos, si realmente ocurriera, no solo perjudicaría a Musk, sino a la propia infraestructura tecnológica y militar estadounidense. Y claro, también afectaría a los votantes que creen que su camioneta Cybertruck los convierte en patriotas.
Lo que debería preocuparnos más es lo evidente: el uso del poder estatal como herramienta de venganza personal. Porque lo que está en juego no es solo un berrinche entre millonarios, sino la institucionalidad de los contratos públicos y la madurez (o falta de ella) en quienes los manejan.
Musk no es un héroe, ni Trump un estratega económico. Son dos hombres ricos con acceso a plataformas gigantescas y el ego de emperadores romanos. Mientras tanto, el resto de nosotros observamos cómo las decisiones sobre el futuro tecnológico de un país se toman con el mismo rigor que una pelea de influencers.
Y así, el mensaje a empresarios y ciudadanos queda claro: opina con cuidado, porque si molestas al emperador, puede que tu próximo contrato venga con un tuit de amenaza adjunto.
Fuente: EFE, Washington – 6 de junio de 2025
In light of the President’s statement about cancellation of my government contracts, @SpaceX will begin decommissioning its Dragon spacecraft immediately pic.twitter.com/NG9sijjkgW
— Elon Musk (@elonmusk) June 5, 2025
Elon Musk acusa que Donald Trump “está en los archivos de Epstein”.
“Es hora de lanzar la gran bomba (…) Esa es la verdadera razón por la que no se han hecho públicos (los archivos)”, escribió en X, deseándole un “gran día”. pic.twitter.com/TABPMP49vv
— Azucena Uresti (@azucenau) June 5, 2025
Temas: conflicto político, Musk, Reforma fiscal, spaceX, Subsidios, Trump
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