El fracaso maquillado como “éxito democrático” en las noticias | EDITORIAL
Los titulares de hoy nos ofrecen un desfile de eufemismos, maquillajes estadísticos y propaganda reciclada. Los diarios más grandes del país nos dicen que entre 12 y 13% de los mexicanos votaron en la primera elección judicial, y algunos se atreven a llamarlo “histórico”, “exitoso” o “una fiesta democrática”. ¿De verdad? ¿Desde cuándo el 87% de abstencionismo es motivo de celebración?
¿Quién gana con esta narrativa?
Gana el oficialismo. Gana el discurso de Claudia Sheinbaum y su equipo, que necesita venderle al país la idea de que la elección del Poder Judicial fue un paso hacia la democracia participativa, cuando en realidad fue un salto al vacío. Varios medios –como La Razón, Milenio y La Crónica– se alinean sin pudor con el relato triunfalista: “ha sido todo un éxito”, “fue un éxito”, “elección histórica y en paz”. ¿Paz? Sí, la paz del cementerio electoral.
¿Y los críticos?
Afortunadamente, algunos pocos medios como Reforma, El Independiente y Eje Central se atreven a decir lo que es evidente: que el nuevo Poder Judicial ha sido definido por apenas 1 de cada 10 ciudadanos. Que el experimento democrático terminó siendo una farsa de participación. Que ni hay justicia, ni hay democracia, sólo una puesta en escena disfrazada de consulta popular.
La gran mayoría se abstuvo, y con razón.
La gente no entendió por qué debía votar, ni por quién, ni para qué. El Instituto Nacional Electoral fue ignorado durante meses, ninguneado por el poder, y luego obligado a organizar una elección para cubrir las apariencias. El resultado fue una votación simulada, con candidatos desconocidos, sin campañas, sin debates, sin perfiles. Votar fue como entrar a un quirófano sin saber quién es el cirujano.
Lo más grave es el cinismo.
Mientras los datos oficiales revelan un desinterés masivo, las declaraciones de la presidenta y sus medios afines insisten en que el pueblo habló. Sí, habló… pero con su silencio. Y lo que dijo con ese silencio fue claro: esto no es democracia, es un engaño.
¿Qué sigue?
Si 13% bastan para legitimar una reforma estructural al Poder Judicial, mañana podrían bastar para imponer cualquier otra cosa. Se está construyendo un modelo donde el desinterés se interpreta como consentimiento, donde la abstención es usada como justificación, y donde el poder se concentra bajo el disfraz de una elección fallida.
Hoy no celebramos un paso hacia la democracia. Celebramos la consolidación de la simulación.
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