“Ocho horas para el trabajo, ocho para el sueño y ocho para la casa”, es el lema. Pero nada de eso ocurría a fines del siglo XIX. Por entonces los empleados en los Estados Unidos tenían que cumplir agotadoras jornadas de 12, 16 y hasta 18 horas. La única limitación que había en algunos Estados era la prohibición de que una persona trabajara 18 horas seguidas sin una causa justificada. La…