Gabriela Gómez Cervantes tenía 26 años. La mató una bala perdida y la buena puntería de mala suerte. Una mujer pobre perdió la vida en una colonia lujosa en la Ciudad de México. La alcanzó un proyectil en una guerra en la que jamás participó. Pasaba por ahí, llegaba de Xalatlaco, Estado de México, para vender quesadillas en uno de los puestos ubicados junto al Auditorio Nacional en Polanco. Gabriela…