Michael Ballack esperó por 12 años para poder finalmente probar de las mieles de la dulce venganza -deportiva- por la final perdida ante Brasil en el relativamente lejano Mundial de Corea-Japón 2002. En aquel partido, el alemán no pudo jugar y miró con impotencia los dos tantos con los que Ronaldo le decía al mundo que Brasil era el campeón del Mundo. Ahora en su faceta como comentarista de televisión…