Fue aquella mañana de primavera. La lluvia acababa de ceder cuando salimos a cortar un par de margaritas, mi pequeña nieta y yo. Entre las ramas del arbusto, vimos una pequeña oruga luchando por subir hasta la cima de la rama más alta. La observamos por un momento; sus ocho pares de patitas se aferraban a la rama mientras mordisqueaba algunas de las más tiernas. Continuamos buscando las margaritas silvestres…