Reflexionar, comprender, cambiar para adaptarse en el trabajo en la nueva era
Todo trabajo, aun el más sencillo, exige enfrentar lo inesperado y requiere cierta maestría para enfrentar su complejidad.
Los jefes suelen creer que los trabajos de sus subordinados son de los más sencillos, de la misma manera que quienes están en posiciones operativas suelen creer que la vida de los directivos, repleta de almuerzos, reuniones y golf, es de lo más placentera. Es cierto que algunos trabajos son más esforzados y difíciles que otros, pero lo real es que no hay trabajos fáciles. Todo trabajo, aún el más sencillo, exige enfrentar lo inesperado y requiere cierta maestría para enfrentar su complejidad.
Diferentes personas enfrentan esa complejidad de distintas maneras, algunas más efectivas que otras. Tal vez la más primitiva sea el uso de la fuerza. Por suerte, lentamente va cayendo en desuso, aunque algunas personas nos recuerden que la lógica del garrote aún tiene sus seguidores. Hay, por suerte, formas que sin ser del todo sustentables son un poco más evolucionadas: allí están las opiniones. Las opiniones son juicios que se emiten como si fueran afirmaciones reductibles a verdadero o falso cuando en realidad son juicios que expresan puntos de vista. Si pensamos la verdad como la adecuación entre una proposición y un cierto estado de cosas, diremos que las opiniones son “verdaderas” en tanto expresan el estado de cosas que llamamos “punto de vista” de quien las sostiene.
Por ejemplo, si alguien opinara que la empresa tiene un problema severo con la calidad de atención al público, el jefe podría decir que no, que esos son mitos, que “a la gente le gusta esperar porque se entretiene charlando o mirando el celular”. Es una opinión. Y si esta encontrara otra opinión en contrario, probablemente se impondrá en la medida en que sea pronunciada en la reunión por el sujeto con más rango o con la voz más fuerte. Podría ocurrir también que el grupo la acepte simplemente porque permite levantar una reunión aburrida o inconducente, y que cada uno vuelva a las tareas que estima más importantes. Siguiendo con nuestro ejemplo, algunos curiosos observan que, cuando hay varias opiniones, una suele pertenecer a una persona que no trata con el público, otra a la de alguien que sí lo hace y tiene amplia experiencia, y una tercera a la de alguien que está superado por la cantidad de gente que debe atender todos los días. Resulta notable que la gente sin experiencia o que es incapaz de procesar la que tiene (como ocurre con el primero y el tercer caso) se forma opiniones más definitivas, claras y contundentes que quienes están comprometidos de lleno con la tarea tratando de solucionar problemas y de encontrar nuevos caminos para resolver dilemas inesperados. Los que tienen experiencia y saben, dudan; los que no saben, suelen sentenciar con énfasis.
La acción busca entender qué es importante y qué es accesorio, qué puede ayudar y qué puede entorpecer. Esa clase de acción es una forma de reflexión, porque se actúa para comprender y se comprende para cambiar.
Enfrentar los problemas exige dudar, tomar lo que uno sabía de antes como una hipótesis que podría ser eventualmente rebatida por una nueva experiencia.
Sería tonto dejar de lado los saberes capitalizados de la experiencia anterior, pero resultaría necio también aferrarse a ellos desconociendo la posibilidad de que haya situaciones diferentes, nuevas. Es evidente que no proponemos un ejercicio de diletantismo abstracto.
La duda a la que nos referimos es parte de un proceso de aprendizaje y, por tanto, exige ser procesada en la acción: no llama a la quietud, sino a actuar rápida y decididamente, pero con atención y escucha para entender lo que sucede.
La acción busca entender qué es importante y qué es accesorio, qué puede ayudar y qué puede entorpecer. Esa clase de acción es una forma de reflexión, porque se actúa para comprender y se comprende para cambiar.
Eso es aprender desaprendiendo… ¿verdad que no es difícil?
Aprender a desaprender es dejar de hacer lo mismo de la misma manera. Es decir, encontrar o descubrir que sí existen otros caminos que permiten llegar al mismo lugar, dejando las limitaciones que comúnmente tenemos, por otras que no hemos experimentado. El desaprender también significa aprender y reaprender.
Temas: Aprender, Cambiar, comprender, desaprender, empleo, Reflexionar, trabajo
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