¿Cuál es el origen de la tradición de San Valentín?
El origen romano
La antigua Roma y una celebración altamente sexual son los vestigios de un romántico San Valentín.
Ya en el siglo IV a C. Los romanos practicaban un rito de iniciación en honor del Dios Lupercus. Tal ceremonia consistía en meter dentro de una caja, nombres de muchachas adolescentes, y que los jóvenes los extrajeran al azar, de manera que a cada uno de ellos le correspondiese una compañera para su mutua diversión, durante todo el año.
Después de casi 800 años de tal celebración, llegaron los primeros Padres de la Iglesia cristiana y consideraron necesario, desde el punto de vista moral, acabar con estas prácticas, comenzando por buscar un nuevo santo patrón de los enamorados, que sustituyera al Dios Lupercus.
Sucedió que en Roma, en el año 270 d. C., el emperador Claudio II publicó un edicto que prohibía el matrimonio, pensó que necesitaba soldados y se dio cuenta de que los hombres casados se mostraban renuentes a dejar a sus familias para ir a guerrear. Ante el matiz algo demencial de tal ley, Valentín obispo de Interamma, invitó a las parejas de novios a acudir a él en secreto para unirlos en el sacramento del matrimonio. Enterado Claudio II, y ante la imposibilidad de convertir al obispo a la religión de los dioses romanos, mandó apalear, lapidar y finalmente, decapitar a Valentín.
También cuenta la historia que mientras se encontraba en la cárcel, esperando la ejecución, Valentín se enamoró de la hija ciega de su carcelero, a la que devolvió milagrosamente la vista, y dejó un mensaje de despedida que finalizaba con las palabras: De tu Valentín.
Realmente no parecía haber candidato con mejor currículum que nuestro mártir, y así en el año 496 el Papa Gelasio proscribió los lupercales, y proclamó al obispo Valentín como patrono de la festividad, aunque mantuvo el juego de azar, pues conocía la afición de los romanos a las loterías.
Sólo que en vez de nombres de adolescentes dentro de la caja, ahora se introducían nombres de cristianos ejemplares. Tanto hombres como mujeres sacaban los papeles, y se esperaba de ellos que durante el año emularan la vida del santo cuyo nombre habían extraído. Hay que reconocer que el incentivo tenía otro matiz. Con el tiempo, los romanos olvidaron su fiesta pagana, y con el tiempo también, los cristianos olvidaron la santificadora lotería.
Ahora tenemos el Día de San Valentín, y la costumbre de intercambiar tarjetas con manifestaciones de afecto, que finalizan más o menos, como aquella última tarjeta del santo.
Fuente: terra.pe
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