Consigue lo que deseas de tu pareja
¿Cuánto tiempo y energía pasas convenciendo a tu pareja de que te ayude con las labores del hogar o de que es mejor ver la peli de la semana que el partido de fútbol de rigor? Y al final, ¿para qué? ¿Obtienes siempre el resultado que deseas o acabáis discutiendo y sin hablaros en dos días? Relájate, hay tácticas muy útiles para conseguir lo que quieras en tu vida amorosa.
Muchas veces pasamos más tiempo pensando en cómo conseguir lo que queremos de nuestra pareja que poniendo nuestra táctica en práctica. Conseguir que nuestra pareja se abra a nosotros, que sea más cariñoso, que nos preste más atención, que pase más tiempo con nosotros, que sea más pasional, que colabore más en las labores del hogar… sabemos lo que deseamos, pero a la hora de pedirlo, no nos atrevemos y si damos el paso no lo sabemos hacer de la mejor manera.
Pero, ¿es posible convencer a tu pareja de algo que realmente no quiere o no le apetece hacer? Investigaciones sobre el lenguaje gestual y conductual revelan que determinadas palabras, gestos y acciones influyen en los interlocutores inconscientemente. Por lo tanto, el secreto no está en lo que pides, si no en cómo y cuándo lo pides.
Si has usado tus armas de mujer para seducirlo y hacer que se rinda a tus pies, ahora tendrás que utilizar tácticas intelectuales para penetrar en su mente y ‘manipular’ su conducta para que acabe haciendo lo que tu quieres. ¿Te atreves a iniciar este viaje por el fantástico y emocionante mundo de la seducción conductual? Levanta tu cabeza, sonríe y pídeselo. La actitud positiva es el primer paso para obtener lo que deseas.
Díselo en ambientes agradables
Busca el mejor momento y el mejor lugar para pedirle algo, tendrás ganado el 90 por ciento del objetivo. Procura hacer tus peticiones en una atmósfera relajada, donde no haya estrés ni interrupciones, así estará más receptivo para escucharte. Recién levantado o con los niños chillando y gritando por toda la casa, es imposible concentrarse en cualquier conversación. Con este ambiente tan negativo, el fracaso está servido.
Así no: si tu pareja acaba de llegar de una dura jornada laboral y de aguantar el tráfico de más de una hora, va a ser prácticamente imposible convencerle de que necesitas un coche nuevo porque es seguro que recibirás una contestación del tipo: ¡tú estás loca!
Así sí: deja una noche a los niños a dormir con los abuelos o los tíos e invítale a cenar a su restaurante favorito, para que se sienta cómodo. Busca un día especial para ambos, para que no sospeche. Puede ser vuestro aniversario o la celebración de un ascenso laboral. Avanzada la cena, cuando el esté totalmente relajado disfrutando de la noche, suelta la ‘bomba’, pero como algo natural, camuflada en la conversación, como si estuvieras hablando del tiempo o de lo que te ha pasado hoy en el trabajo. Por cierto, estudios demuestran que los ambiente decorados con colores femeninos aumenta la receptividad y la comunicación. ¡Toma nota!
Se más atractiva y seductora al hablar
Las palabras es la vía para conseguir nuestros objetivos… o para hacerlos huir irremediablemente. Es más importante el cómo se dice que el qué se dice. Las palabras dulces y sutiles son mucho más eficaces que las palabras directas. El tono también es fundamental aprender a manejarlo para conseguir el objetivo. Es más fácil que él se rinda a tus deseos con una voz de ‘cachorrito’ en apuros que con un tono de miembro de la KGB. Y una técnica que nunca falla para convencerle de algo: utilizar términos sensuales. Describir las cosas con palabras que le evoquen cosas positivas y las asocien a sensaciones agradables y situaciones vividas. Por ejemplo, para que se decante por la playa en lugar de la montaña, habla del sol, del agua salada sobre tu piel, del recuerdo imborrable de la noche que hicieron el amor en la playa… y comienza a buscar el viajecito de tus sueños.
Así no: si esta noche te quieres hacer con el control de la televisión para ver tu serie favorita, no le increpes con frases como: “¡eres un desconsiderado! Estoy cansada de ver siempre lo que tu quieres. Yo también vivo en esta casa, pero nunca me escuchas y siempre acabamos viendo el futbol”.
Así sí: lo primero calma el tono de tu voz y como el que no quiere la cosa, cuéntale que hay una serie de época en la tele, que te han dicho que es muy buena y que trabaja la actriz esa que le gusta tanto. Además, se rumorea que aparece como su madre la trajo al mundo, como en la mayoría de las películas en las que sale ella… Después prepara el tazón de palomitas, y a disfrutar de la película.
Sin Rodeos
A veces el miedo que nos genera el que nos pueda decir que no, nos causa vacilaciones e inseguridades a la hora de hablar. Empezamos a dar vueltas al tema como en un carrusel y acabamos desistiendo al ver que no llegamos a ninguna parte. Si tú no estás convencida de lo que quieres pedirle, difícilmente lo podrás conseguir.
Así no: “estoy pensando que este año podríamos hacer algo distinto para el Puente. No sé, un descansito… ¿porque estás cansado, verdad? Es que lo de tu trabajo no es normal. El jefe parece un negrero… Me recuerda a un encargado que tuve yo cuando empecé a trabajar…”. Está claro que así te sales de tu camino y será imposible llevar a buen término tus intenciones.
Así sí: “¡tomemos unos días libres y hagamos planes para irnos de vacaciones! Un descanzo a mitad de año nos recargará las pilas. Imagínate, tú y yo, sin niños, sin jefes, sólo con una copa en nuestras manos tostándonos bajo el sol…”. El entusiasmo que pongamos lo transmitiremos a nuestra pareja y no se podrá resistir a nuestros planes.
No te centres en tus necesidades
A la hora de pedir es un gran error enfocarte sólo en tus necesidades. Te hace mostrarte ante el otro como una persona egoísta que sólo mirar por sí misma. Déjale entrever cómo se beneficiará al ceder a tu petición.
Así no: “estoy harta de acabar siempre en una esquinita de este mini-sofá que tenemos para ver la televisión. Yo también vengo cansada del trabajo y creo que me merezco de vez en cuando disfrutar del placer de tumbarme en uno de mejores condiciones. ¡Hay que comprar un sofá nuevo!, no aguanto más”.
Así sí: por ejemplo, dile: “si compramos este sofá seguro estaremos más cómodos cuando veamos la televisión. Además, es más grande que el que tenemos y cuando vengan tus amigos a ver el futbol no tendremos que pedir sillas a los vecinos. ¿Cómo lo ves?”.
Siempre pide más
En el amor y en el trabajo existe una máxima: “siempre pide más de lo que necesitas; obtendrás lo que que quieres”. Las relaciones al final se basan en un tira y afloja entre lo que quiere cada unos de los miembros. Hay que negociar y siempre se regatea en las condiciones, así que ya sabes: siempre pide más.
Así no: “cariño, estoy muy cansada hoy. Podrías ir tú a por los niños hoy”. “No puedo, estoy twitteando con un compañero de trabajo y es muy importante”, contestará él. “Pero si está metiendo fotos en el facebook de la última cena que tuvieron”, pensarás tú. Pero como chismear es feo y dudar de tu pareja también, acabarás yendo tú a por ellos.
Así sí: si realmente quieres que tu pareja vaya a por los niños, dile: “tienes que organizar el garaje, cortar el césped, lavar los platos y, por cierto, como tengo que ir a recoger a los niños, vendrá mi madre para que le mandes unas fotos por Internet a unas amigas suyas, que ella no sabe cómo hacerlo”. Sin duda él exclamará: “¿pero cómo voy a hacer todo esto?”. A lo que debes responder: “bueno, si quieres vas tú por los niños y yo me encargo de lo demás”. De seguro que tomará rápidamente las llaves del carro y se despedirá con un “recuerdos a tu madre”.
¡Provócalo!
El sexo siempre ha sido una táctica fundamental para conseguir lo que se quiere de un hombre. Ya se sabe el refrán “tiran más dos… que dos carretas”. Sobre todo en este proceso es cuando la mente está más dispersa y es más fácil que te diga que sí a todas tus peticiones.
Así no: en este caso el orden de los factores sí afecta al producto. Es más efectivo hacer tu solicitud antes de llegar al centro de la cuestión, que durante la cuestión. Queda fatal que en mitad del ‘acto’ decir, “cariñito llega mi cumpleaños y he visto un abrigo para este invierno precioso, aunque un poco caro…”. Una retaila así denota falta de interés por lo que se está haciendo y puede desconcentrar a cualquiera. Si le interrumpes ‘su momento’ ya te puedes ir olvidando de ese regalito.
Así sí: no hay nada más divertido que los jueguecitos previos al momento de intimidad. Llévatele a cenar fuera y consigue que pierda el control. Haz que tu pie navegue entre sus piernas; susúrrale palabras picantes; y de regreso a casa aprovecha los semáforos para que tu mano disfrute perdiéndose en su anatomía… y entre caricia y caricia, cuéntale lo fantástica que estarías con ese abrigo que tanta ilusión te hace… sobre todo si no llevas nada debajo…
Gánate a sus padres
Y si nada de esto te ha servido para conseguir tu objetivo, aún tienes una bala en la recámara: sus padres. Sabes que siente debilidad por ellos, así que si te llevas bien con tus suegros, tendrás el cielo ganado con él.
Si quieres visitar ese spa que te han recomendado tus amigas y tu pareja es reacia, invita a tu suegra un día a comer. Cuéntale lo estresado que está su hijo con todas esas responsabilidades nuevas con las que se ha topado después de las vacaciones. Cuéntale que no duerme bien y que estás preocupada. Que has visto un spa que es una maravilla y donde de seguro descansará. Ella se encargará del resto, incluso se ofrecerá a quedarsee con los niños. ¡Objetivo, conseguido!
Fuente: yahoo.com.mx
Temas: conducta humana, convivencia, lenguaje gestual, relaciones de pareja
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