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El mundo condena mentira de Armstrong

Publicado: enero 18, 2013
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Lance Armstrong confesó por primera vez que se dopó en cada uno de los siete Tour de France de ciclismo que ganó, pero el mundo mira la «gran mentira» lleno de escepticismo y expectante ante la segunda parte de la entrevista que se emite hoy.

En el primer minuto de la primera parte de la entrevista con Oprah Winfrey y con apenas cinco monosílabos, Armstrong, de 41 años, ya había dicho todo lo que había negado durante más de una década. ¿Tomó sustancias prohibidas? «Sí» ¿EPO? «Sí» ¿Transfusiones de sangre? «Sí» ¿Testosterona, hormona de crecimiento o cortisona? «Sí» ¿Lo hizo en todos y cada uno de los Tours de France que ganó? «Sí».

«Tras la entrevista, Armstrong resulta aún menos simpático», tituló un comentario el diario «USA Today». «Uno casi se pregunta si es humano, si tiene idea de la diferencia entre el bien y el mal», agregó antes de llamar al exciclista «engreído y cortante, frío y sin sentimientos». El diario «The New York Times» lamentó que la entrevista fuera «extrañamente baja en energía y en emoción».

«No es sólo un deportista que mintió sobre el uso de drogas; era el canalla mentiroso en una de las grandes historias de amor de Estados Unidos», añadió «NYT». Muchos dudan que Armstrong, sancionado de por vida por la UCI en octubre de 2012, contara toda la verdad.

«Debería haber ido a la USADA (Agencia Antidoping de Estados Unidos) y contarlo todo de la A a la Z, no hay manera de que cometiera él solo semejante fraude», pidió Betsy Andreu, una de las aludidas en la entrevista tras ser una de las primeras en denunciar que Armstrong, que compartía equipo con su marido Frankie Andreu, se dopó. «Está protegiendo a gente».

Lo mismo que Betsy piensan en Francia. No se puede tener «un sistema (de doping) tan altamente desarrollado como el que describió la USADA sin que nadie te haya ayudado», remarcó Pierre Bordry, quien fuera durante los tiempos de Armstrong jefe de la Agencia Antidoping Francesa (AFLD).

La ministra de Deportes del país galo, Valérie Fourneyron, criticó que «la manipulación continúe» y se mostró escéptica sobre la forma en que fue realizada la confesión. «Fue una puesta en escena perfectamente preparada, en la que recibimos apenas una mínima confesión del mismo hombre que nos había asegurado a los ojos que nunca hizo trampa», dijo.

La USADA consideró la confesión un «pequeño paso en la dirección correcta», pero pide más al texano. «Si es sincero en su deseo de corregir sus errores pasados, testificará bajo juramento sobre toda la dimensión de sus actividades de doping», expresó Travis Tygart, jefe ejecutivo de la USADA.

«Su decisión de enfrentarse a su pasado es un paso importante en el largo camino para recuperar la confianza en el deporte», señaló el presidente del ente internacional, Pat McQuaid, también en el punto de mira en el «caso Armstrong» por presunto uso de sustancias ilegales.

«Armstrong confirmó que no hubo tests positivos que fueran encubiertos y que las donaciones que hizo a la UCI fueron para ayudar en la lucha contra el doping», dijo McQuaid.

El Comité Olímpico Internacional (COI), que el jueves retiró a Armstrong la medalla de bronce de Sydney 2000, habló de «un día muy triste para el deporte» e instó al ex corredor a que presente «todas las evidencias que tiene a las autoridades antidoping apropiadas para que se pueda poner fin a este episodio oscuro».

«No puede haber espacio para el doping en el deporte y el COI condena las acciones de Armstrong y de todo aquel que busca una ventaja injusta con el uso de drogas», reiteró el máximo organismo deportivo internacional.

El ciclista británico David Millar, otro que confesó haberse dopando, cree que las palabras de Armstrong son buenas para el deporte, aunque sospecha que se trate de una especulación. «No hubo sorpresas. Está jugando un juego táctico. Así es Lance», dijo hoy Millar durante un coloquio sobre doping en Madrid. «Pero es bueno para el ciclismo. Necesitamos cerrar el capítulo de aquella época».

El serbio Novak Djokovic, número uno del tenis mundial, ve al texano como «una vergüenza para el deporte». «Es una desgracia para el deporte tener un atleta como él», dijo hoy el serbio tras avanzar a los octavos de final del Abierto de Australia.

«Le hizo trampa al deporte, le hizo trampa a mucha gente en todo el mundo con su carrera, con su historia de vida. Creo que deberían quitarle todos los títulos, porque no es justo para ningún deportista. Simplemente no es la manera de ser exitoso, así que creo que debe sufrir por todas sus mentiras en estos años».

http://www.youtube.com/watch?v=juVzHD7NEgk

Nota Original: El Universal Venezuela

Despite years of vehement and even vicious denials, cyclist Lance Armstrong used performance-enhancing substances to help him win his seven Tour de France titles.

Yet even with the near-universal possession of this knowledge, not to mention leaked confirmation that during a recent interview with Winfrey, Armstrong finally admitted doping, OWN’s «Oprah and Lance Armstrong: The Worldwide Exclusive» on Thursday night was possibly the most anticipated television special since last year’s second presidential debate, before which Americans wondered if President Obama was going to allow Mitt Romney to clean his clock a second time.

Seriously, who else could so successfully leverage an interview with a disgraced sports star in which the big «get» is him admitting what everyone already knows in a manner everyone anticipates — he did it, he’s sorry, he takes full responsibility? Peter Jackson may be getting three movies out of «The Hobbit,» but Oprah got two nights and 150 minutes out of Lance Armstrong.

For days now, the interview has obsessed virtually every media outlet in the country. Sportswriters slammed Armstrong for choosing to confess to sympathetic Mom (Oprah) rather than stern and righteous Dad (sportswriters); news organizations questioned OWN’s decision to withhold the details of an important news story long enough for Americans to locate OWN on the upper reaches of their cable channels, while media pundits heralded the return of Winfrey to active pop-culture duty.

One interview, 75 different ways to cover it. Honestly, even after all these years, the woman’s media moxie just takes your breath away.

From the minute the cameras began to roll, it was clear that this worldwide exclusive was going to be as much an unveiling of a re-tuned Winfrey as it was of a robotically contrite Armstrong. Though she was wearing light blue and her hair soft — shoulder-length ringlets — Oprah was all business, instantly establishing Armstrong’s guilt by rattling off a series of questions to which he could only answer «yes» or «no.» They were all about whether he had used performance-enhancing substances and the answer to each and every one was «yes.»

Eschewing any of her usual stage craft — the comfy couches, the high-gloss sets –Winfrey taped the interview in a nondescript Austin, Texas, hotel room, which, along with multiple cut-aways to clips detailing the timeline of accusations, investigations and denials, gave the interview a dressed-down newsy feel, far more «60 Minutes» than «Super Soul Sunday.»

Aware, no doubt, that she would be perceived by some as a safe choice for Armstrong, Oprah spent many of the first 90 minutes rather obsessively establishing the dimensions of his transgressions — had he forced his teammates to dope? (no, though he copped to influencing them, perhaps heavily), had he doped mid-race? (possibly), had he intentionally defamed those who spoke out about his drug use? (yes) — before dipping into the psychology of a career that Armstrong now calls «one big lie.» But even entering the more traditional «O» zone — did he feel guilty? (no) did he think of himself as a cheater? (no) was he afraid he would get caught? (no) does he feel ashamed now at how he behaved (yes) — Winfrey maintained a level of aloof sternness rather than emotional connection.

Compared with the heat of a similar interview with author James Frey after much of his «memoir» was revealed to be fiction, the Armstrong interview was a surprisingly coldblooded affair, in part because Armstrong himself appeared chronically, perhaps even psychotically, detached, speaking at times as if from a script about a guy he once knew and sounding no more, or less, convincing than he did when lying his head off in earlier interviews. (Also, and perhaps more important, Armstrong had never come on her show and lied directly to her, a sin most of us find difficult to forgive.)

Los Angeles Times

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