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Una plaga en la semilla del aguacate mexicano, una duda en los controles

Publicado: noviembre 2, 2026
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Una plaga en la semilla del aguacate mexicano, una duda en los controles | Por Max Adame | #DesdeFeelingMx

Hay imágenes que duelen por todo lo que contienen. Camiones descargando aguacates en una excavación. Cajas que terminan entre llamas. Fruta cubierta con tierra. Detrás de cada cargamento hay trabajo, agua, inversión y meses de cuidados. Todo reducido a una pérdida que alguien tendrá que absorber.

En Michoacán se reportó la destrucción de alrededor de cincuenta y dos toneladas de aguacate procedente de Jalisco, Colima y Nayarit, ante señalamientos de presencia de barrenador. La organización de productores que informó del caso aseguró que la intervención tuvo respaldo de las autoridades sanitarias. Sin embargo, los primeros reportes periodísticos advirtieron que no se había publicado un diagnóstico oficial que precisara la infestación. Esa distinción merece conservarse, aunque estorbe a los titulares contundentes.

Porque una cosa es documentar la destrucción y otra establecer, con evidencia técnica, qué organismo se encontró, en cuáles lotes y bajo qué condiciones.

La transparencia también debe llegar al campo.

El barrenador no es una ocurrencia burocrática. El Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria explica que distintas plagas del aguacatero dañan la pulpa y el hueso del fruto, reducen su rendimiento y limitan su comercialización. Su control protege las huertas y permite conservar zonas libres de estos organismos.

Por eso sería irresponsable pedir que un cargamento sospechoso siga circulando simplemente porque resulta doloroso verlo destruido. Cuando existe un riesgo fitosanitario, proteger otras plantaciones puede exigir eliminar fruta afectada. El manual operativo de la autoridad contempla la recolección y eliminación de frutos infestados, bajo medidas específicas de manejo.

Pero aceptar la necesidad de una medida sanitaria no obliga a renunciar a las preguntas.

¿Dónde se produjo la afectación? ¿Qué revisiones tuvo el cargamento antes de salir? ¿Con qué documentación circulaba? ¿Quién determinó su destrucción? ¿Qué seguimiento recibirán las huertas de origen?

No son acusaciones. Son las preguntas mínimas para saber si estamos frente a una detección oportuna, una falla previa o una combinación de ambas.

Además, hay un contexto que no puede quedarse enterrado junto con la fruta: la destrucción ocurrió mientras productores michoacanos mantenían protestas por los bajos precios, revisaban cargamentos de otras entidades y exigían un pago mínimo de cuarenta pesos por kilogramo.

Esa coincidencia no demuestra que la denuncia sanitaria sea falsa. Tampoco permite dar por acreditadas todas las afirmaciones de quienes participan en el conflicto comercial. Precisamente por eso hacen falta dictámenes públicos y decisiones de una autoridad identificable.

La sanidad vegetal requiere independencia técnica. Su credibilidad se debilita cuando el ciudadano tiene que adivinar dónde termina una inspección y dónde comienza una disputa por el mercado.

También necesitamos hablar del costo. No solamente del valor de venta del aguacate destruido, sino del esfuerzo que se pierde y de las medidas necesarias para evitar otro cargamento en las mismas condiciones. Exigir controles sin acompañamiento técnico deja al productor con obligaciones; ofrecer acompañamiento sin vigilancia deja al resto de las huertas expuesto.

La respuesta debe incluir prevención, seguimiento y responsabilidades cuando se acrediten incumplimientos. Y debe reconocer a quienes detectan y reportan problemas, porque ocultarlos para evitar una pérdida inmediata puede multiplicar el daño.

Lo que no sirve es convertir la fosa en escenario para la fotografía y después dar el asunto por resuelto.

Destruir fruta puede ser una decisión necesaria. Explicar por qué se destruyó y cómo se evitará que vuelva a ocurrir también lo es.

México presume su aguacate en los mercados internacionales. Esa reputación se sostiene con trabajo en las huertas, vigilancia sanitaria y decisiones que puedan revisarse.

Porque el éxito de una política agrícola no debería medirse por las toneladas que logra quemar, sino por las pérdidas que consigue evitar.

Que el aguacate termine bajo tierra puede ser parte del control sanitario. Que la información termine enterrada sería otra plaga.

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