La nueva mafia del poder y el PRIAN
La nueva mafia del poder y el PRIAN. Durante años, Andrés Manuel López Obrador utilizó una expresión poderosa para identificar a las élites políticas, económicas y mediáticas que, según su discurso, controlaban las decisiones nacionales: la mafia del poder.
Era una consigna eficaz porque resumía una realidad reconocible: políticos que se protegían entre ellos, empresarios favorecidos, contratos para los amigos, instituciones sometidas, medios recompensados y personajes que podían cambiar de partido sin perder sus privilegios.
Morena prometió terminar con esa estructura.
Pero el tiempo obliga a formular una pregunta incómoda: ¿la mafia del poder desapareció o solamente cambió de integrantes, colores y domicilio?
El poder cambió de manos
El problema nunca fue únicamente la existencia del PRI o del PAN. El verdadero problema era una forma de ejercer el poder:
Concentrar decisiones en una sola persona.
Premiar la obediencia y castigar la crítica.
Repartir cargos entre amigos y aliados.
Utilizar las instituciones para proteger al grupo gobernante.
Descalificar a periodistas, organizaciones y ciudadanos incómodos.
Confundir al gobierno con el partido y al partido con el pueblo.
Considerar traidor a cualquiera que piense diferente.
Si esas prácticas continúan, poco importa que los antiguos colores hayan sido sustituidos por el guinda.
La transformación prometida no puede medirse por el cambio de logotipos. Debe comprobarse en la conducta del poder.
Los antiguos adversarios encontraron acomodo
Morena denunció durante años a los responsables del viejo régimen. Sin embargo, cuando necesitó candidatos, operadores, votos legislativos y estructuras territoriales, abrió sus puertas a numerosos personajes formados en el PRI, el PAN, el PRD y otros partidos.
Algunos llegaron por convicción.
Otros aparecieron después de perder una candidatura.
También hubo quienes abandonaron su partido cuando dejó de ofrecerles posiciones y descubrieron, repentinamente, las virtudes de la Cuarta Transformación.
Exgobernadores priistas fueron nombrados embajadores. Antiguos dirigentes del tricolor recibieron candidaturas. Operadores electorales, alcaldes, legisladores y funcionarios señalados durante años como representantes del pasado terminaron incorporados a la nueva mayoría.
No todos se afiliaron formalmente a Morena, pero muchos quedaron dentro de su órbita: en el Partido Verde, en el gobierno, en el servicio exterior o en las bancadas que sostienen al oficialismo.
El viejo régimen no desapareció.
Una parte simplemente llenó su solicitud de ingreso.
Del PRIAN al PRIMOR
La palabra “PRIAN” todavía se utiliza para desacreditar cualquier crítica de la oposición. Pero cada vez resulta más difícil sostener ese relato cuando tantos expriistas participan en el proyecto gobernante.
Morena tiene derecho a recibir nuevos integrantes. Las personas pueden cambiar de ideas y nadie debe permanecer eternamente atado a un partido.
Pero una transformación auténtica debería exigir algo más que ponerse un chaleco guinda y repetir nuevas consignas.
¿Dónde quedó la revisión de trayectorias?
¿Dónde están las explicaciones sobre las prácticas del pasado?
¿Por qué quienes fueron denunciados como parte del problema se convierten en aliados respetables apenas cruzan al oficialismo?
Si un priista era corrupto antes de ingresar a Morena, su afiliación no lo purifica. Y si no existían pruebas contra él, entonces nunca debió utilizarse su nombre como instrumento de propaganda.
La honestidad no se adquiere cambiando de camiseta.
Una nueva élite con lenguaje popular
La nueva mafia del poder no necesita reunirse en una habitación secreta. Funciona mediante intereses compartidos, disciplina política y acceso privilegiado a las decisiones.
Sus integrantes pueden hablar en nombre del pueblo mientras viven alejados de sus problemas.
Pueden condenar el lujo mientras disfrutan privilegios.
Pueden denunciar el nepotismo mientras preparan herederos.
Pueden defender la libertad de expresión mientras estigmatizan a quienes cuestionan al gobierno.
Pueden acusar de corrupción a sus adversarios mientras exigen silencio ante los señalamientos propios.
El mecanismo es antiguo. Lo nuevo es el discurso utilizado para justificarlo.
Antes se invocaba la estabilidad institucional.
Ahora se invoca la voluntad del pueblo.
El monopolio de la verdad
Toda mafia política necesita construir una versión conveniente de la realidad.
Por eso la crítica se presenta como ataque; la investigación periodística, como conspiración; la protesta, como manipulación, y la oposición, como enemiga del país.
El gobierno no sólo pretende tener la mayoría. Aspira a poseer la razón.
Pero obtener millones de votos no convierte cada decisión en correcta. La legitimidad electoral permite gobernar; no concede impunidad, infalibilidad ni propiedad sobre la nación.
México pertenece también a quienes disienten.
La democracia comienza cuando el poder acepta que puede ser cuestionado sin acusar de traición a quien levanta la voz.
No son iguales: aprendieron de los anteriores
Decir que “todos son iguales” puede convertirse en una excusa para no exigirle cuentas a nadie.
No necesariamente son iguales.
Algunos son más eficaces, otros más populares y otros dominan mejor la comunicación política. Pero muchas de las prácticas que Morena denunció permanecen vivas: concentración del poder, oportunismo, lealtades personales, opacidad y reciclaje de cuadros.
No basta afirmar que antes se robaba más.
No basta recordar diariamente los abusos del pasado.
Un gobierno que se presenta como transformación debe compararse con sus promesas, no solamente con los peores ejemplos de quienes gobernaron antes.
El poder siempre necesita vigilancia
La vieja mafia del poder fue denunciada cuando estaba integrada por adversarios.
La prueba de congruencia consiste en denunciarla también cuando está formada por compañeros, aliados y amigos.
Porque el problema no es únicamente quién ocupa el poder.
El problema aparece cuando quienes lo ocupan dejan de rendir cuentas, se protegen mutuamente y utilizan al pueblo como escudo retórico.
La nueva mafia del poder no nació el día en que Morena ganó una elección. Comenzó a formarse cuando el movimiento dejó de preguntar de dónde venían sus nuevos aliados y se conformó con saber cuántos votos podían aportar.
Prometieron separar el poder político del poder económico.
Prometieron desterrar el influyentismo.
Prometieron no mentir, no robar y no traicionar.
La pregunta ya no es quién perteneció a la mafia del poder de antes.
La pregunta es quiénes integran la de ahora.
Porque el poder podrá cambiar de partido, discurso y color.
Pero cuando deja de rendir cuentas, siempre termina pareciéndose a sí mismo.
Los fundadores que también pasaron por el PRI
#kJ
el cinismo y la mentira son tus valores, Ariadna; por cierto bien aprendidos del señor de las ligas, René Bejarano.
esta es la verdadera mafia y cimiento de morena, los representa.
así sentaron las bases de su corrupción y podredumbre.
¿alguna duda de quién manda en mrena? https://t.co/hSRpglH4LX pic.twitter.com/fuPuHUXMsR— Juan Vázquez Romero (@juvazrom) September 8, 2026
Andrés Manuel López Obrador. Militó en el PRI durante la década de los setenta y ocupó cargos partidistas en Tabasco. En 1988 acompañó la ruptura de la Corriente Democrática, participó en la fundación del PRD en 1989 y, después de separarse de ese partido, encabezó la creación de Morena: primero como movimiento en 2011 y después como partido político en 2014. Fue presidente de México de 2018 a 2024.
Marcelo Ebrard Casaubón. Comenzó su carrera dentro de gobiernos priistas y fue colaborador de Manuel Camacho Solís. Dejó el PRI en los años noventa, participó en el Partido de Centro Democrático, se incorporó al PRD y fue jefe de Gobierno de la Ciudad de México. En 2018 regresó al primer círculo de López Obrador como secretario de Relaciones Exteriores; actualmente encabeza la Secretaría de Economía.
Adán Augusto López Hernández. Inició su carrera en el PRI, pasó al PRD y posteriormente se incorporó a Morena. Fue diputado, senador, gobernador de Tabasco y secretario de Gobernación. En 2024 regresó al Senado por Morena. El Sistema de Información Legislativa registra tanto su etapa perredista como su representación actual morenista. Perfil legislativo
Ricardo Monreal Ávila. Fue militante y funcionario del PRI hasta que ese partido le negó la candidatura al gobierno de Zacatecas en 1998. Ganó la gubernatura postulado por el PRD; después pasó por el PT y Movimiento Ciudadano hasta incorporarse a Morena. Ha sido delegado de Cuauhtémoc, senador y coordinador de Morena en la Cámara de Diputados.
Alfonso Durazo Montaño. Trabajó con Luis Donaldo Colosio y Ernesto Zedillo dentro del régimen priista. Posteriormente fue secretario particular y vocero del presidente panista Vicente Fox, con quien rompió en 2004. Se sumó al proyecto de López Obrador, fue secretario de Seguridad federal y desde 2021 gobierna Sonora por Morena.
Layda Sansores San Román. Comenzó en el PRI, partido al que pertenecía su padre, el exgobernador Carlos Sansores Pérez. Después militó en el PRD, Convergencia, Movimiento Ciudadano y el PT, hasta llegar a Morena. Fue senadora, alcaldesa de Álvaro Obregón y actualmente gobierna Campeche.
David Monreal Ávila. Construyó su trayectoria en Zacatecas alrededor del grupo político encabezado por su hermano Ricardo. Fue presidente municipal de Fresnillo por el PT, senador por esa fuerza y posteriormente se incorporó a Morena. Desde 2021 es gobernador de Zacatecas.
Ignacio Mier Velazco. Fue dirigente estatal del PRI en Puebla, diputado local y diputado federal priista. Se incorporó a Morena en 2017, coordinó a sus diputados federales y actualmente ocupa un escaño en el Senado por ese partido.
Del PRI a las gubernaturas de Morena
Alejandro Armenta Mier. Militó durante más de tres décadas en el PRI. Fue presidente municipal de Acatzingo, funcionario estatal y diputado federal. Renunció al tricolor en 2017, se incorporó a Morena, fue senador y en 2024 ganó la gubernatura de Puebla.
Julio Menchaca Salazar. Desarrolló buena parte de su carrera en el PRI, donde fue diputado local, magistrado y aspirante a distintos cargos. Dejó ese partido, se acercó a Morena, llegó al Senado en 2018 y ganó el gobierno de Hidalgo en 2022.
Américo Villarreal Anaya. Hijo del exgobernador priista Américo Villarreal Guerra. Militó en el PRI, fue funcionario estatal y delegado de la Secretaría de Salud. En 2017 renunció y se incorporó a Morena; fue senador y desde 2022 gobierna Tamaulipas.
Lorena Cuéllar Cisneros. Fue presidenta municipal, diputada y funcionaria por el PRI. Renunció en 2012, pasó al PRD y después a Morena. Fue delegada federal de programas sociales y en 2021 ganó la gubernatura de Tlaxcala.
Miguel Ángel Navarro Quintero. Ocupó cargos administrativos y legislativos bajo las siglas del PRI. En 2005 pasó al PRD y años después se incorporó a Morena. Fue senador y desde 2021 gobierna Nayarit.
Miguel Barbosa Huerta. Militó primero en el PRI y posteriormente, durante más de dos décadas, en el PRD, donde llegó a coordinar a los senadores. Rompió con ese partido para respaldar a López Obrador. Ganó la gubernatura de Puebla por la coalición encabezada por Morena en 2019. Falleció en diciembre de 2022.
Funcionarios y candidatos incorporados al proyecto
Manuel Bartlett Díaz. Fue uno de los personajes más importantes del PRI: secretario de Gobernación con Miguel de la Madrid, secretario de Educación con Carlos Salinas y gobernador de Puebla. Después fue senador del PT y López Obrador lo nombró director de la Comisión Federal de Electricidad. No existe base suficiente para presentarlo como militante de Morena; fue un colaborador central de su gobierno. El sistema legislativo documenta sus etapas en el PRI y el PT.
Esteban Moctezuma Barragán. Fue secretario de Gobernación y de Desarrollo Social durante el gobierno priista de Ernesto Zedillo. Tras una etapa en Fundación Azteca, López Obrador lo designó secretario de Educación y posteriormente embajador en Estados Unidos. No debe clasificarse automáticamente como militante de Morena.
Clara Luz Flores Carrales. Se afilió al PRI en 1998 y gobernó General Escobedo en tres ocasiones. Renunció al tricolor en 2020 y fue candidata de Morena a gobernadora de Nuevo León en 2021. Después se incorporó al gobierno federal.
Mónica Rangel Martínez. Fue secretaria de Salud de San Luis Potosí durante el gobierno priista de Juan Manuel Carreras. En 2021 Morena la eligió como candidata a gobernadora. Su principal vínculo con el partido fue esa candidatura; no representa una trayectoria fundacional morenista.
Claudia Delgadillo González. Fue regidora, diputada local y diputada federal por el PRI. Rompió con ese partido y se incorporó al bloque encabezado por Morena. En 2024 fue candidata a gobernadora de Jalisco por la coalición Morena, Partido Verde, Partido del Trabajo y fuerzas locales, pero perdió la elección.
Armando Guadiana Tijerina. Empresario minero y funcionario estatal en administraciones priistas de Coahuila. Se incorporó al movimiento de López Obrador, fue senador de Morena y candidato a gobernador de Coahuila. Falleció en diciembre de 2023.
La segunda oleada: los recién llegados
Alejandro Murat Hinojosa. Hijo del exgobernador priista José Murat. Fue director del Infonavit y gobernador de Oaxaca por el PRI. Renunció al partido en noviembre de 2023, creó con otros expriistas la Alianza Progresista, respaldó a Claudia Sheinbaum y llegó al Senado dentro de Morena en 2024.
Alejandra del Moral Vela. Fue presidenta municipal de Cuautitlán Izcalli, diputada, dirigente estatal del PRI y candidata de ese partido al gobierno del Estado de México en 2023. Renunció al PRI en mayo de 2024 y respaldó a Sheinbaum. Después fue nombrada directora de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional. Su colaboración con el gobierno no demuestra por sí misma militancia formal en Morena.
Adrián Rubalcava Suárez. Ha transitado por el PRD, Partido Verde y PRI. Gobernó Cuajimalpa y abandonó el PRI en 2023 después de no obtener la candidatura opositora a la Ciudad de México. Se sumó a la campaña de Sheinbaum, regresó al Partido Verde y fue nombrado director del Metro capitalino. Es aliado de la Cuarta Transformación, pero no militante morenista. Su incorporación provocó críticas dentro del propio oficialismo.
Cynthia López Castro. Fue diputada local, diputada federal y senadora electa por el PRI. Renunció al tricolor en octubre de 2024 y poco después se incorporó al grupo parlamentario de Morena. Representa uno de los cambios de bancada más recientes.
Expriistas en el Partido Verde, aliado de Morena
Eruviel Ávila Villegas. Fue presidente municipal de Ecatepec, gobernador del Estado de México y senador por el PRI. Renunció en 2023, apoyó a Sheinbaum y en enero de 2024 se afilió al Partido Verde. Actualmente es diputado federal del Verde, no de Morena. La incorporación fue anunciada formalmente por el PVEM.
Jorge Carlos Ramírez Marín. Desarrolló prácticamente toda su carrera en el PRI: diputado, senador, funcionario federal y dirigente partidista. Renunció en 2023 y se incorporó al Partido Verde, desde donde forma parte de la mayoría oficialista.
Nuvia Mayorga Delgado. Fue secretaria de Finanzas de Hidalgo, diputada, senadora y directora de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas en gobiernos priistas. Abandonó el PRI en 2023 y se integró al Partido Verde. Es aliada legislativa de Morena, no integrante de su bancada.
Los diplomáticos del viejo PRI
Claudia Pavlovich Arellano. Fue senadora y gobernadora de Sonora por el PRI. Aceptó el consulado de México en Barcelona durante el gobierno de López Obrador y fue expulsada del tricolor. Posteriormente recibió otra representación diplomática. Aceptar un nombramiento presidencial no equivale a afiliarse a Morena. Pero se ven aliados.
Quirino Ordaz Coppel. Fue diputado y gobernador de Sinaloa por el PRI. López Obrador lo propuso como embajador de México en España y el PRI lo expulsó en 2022 por aceptar el cargo. Continúa como diplomático, pero no existe evidencia pública suficiente para presentarlo como militante morenista.
Carlos Miguel Aysa González. Fue gobernador sustituto de Campeche por el PRI. López Obrador lo nombró embajador en República Dominicana. El acercamiento provocó una ruptura con el priismo, pero tampoco acredita automáticamente una afiliación a Morena.
Omar Fayad Meneses. Militó más de cuatro décadas en el PRI. Fue presidente municipal de Pachuca, diputado, senador y gobernador de Hidalgo. Renunció en 2023 y fue nombrado embajador en Noruega. Es colaborador diplomático del gobierno, no un militante morenista públicamente acreditado.
Morena no destruyó al viejo régimen: lo absorbió y se convirtió en el nuevo régimen. La Nueva Mafia del Poder.
La cronología revela algo más complejo que un simple meme.
Morena no está compuesto únicamente por antiguos priistas. También existen militantes provenientes de movimientos sociales, la izquierda histórica, organizaciones ciudadanas y nuevas generaciones. Sería igualmente falso reducir a todo el partido a una sucursal del PRI.
Sin embargo, tampoco puede negarse la magnitud del reciclaje.
Cuando Morena necesitó candidatos competitivos, operadores territoriales, gobernadores, legisladores y cuadros experimentados, abrió las puertas a personajes que habían construido sus carreras dentro del sistema que prometía erradicar.
El resultado fue una paradoja: el PRI perdió elecciones, militantes y poder, pero parte de su cultura política sobrevivió dentro del partido vencedor.
Sobrevivieron el centralismo, el presidencialismo, el pragmatismo electoral, la disciplina de bancada, el reparto de candidaturas, el premio a las lealtades y la costumbre de confundir gobierno, partido y movimiento.
El problema no es cambiar de partido
Una persona puede modificar legítimamente sus ideas políticas. Nadie está condenado a permanecer toda la vida dentro de la misma organización.
Lo que debe exigirse es coherencia.
¿Qué prácticas rechazaron de su antiguo partido?
¿Qué responsabilidades reconocieron?
¿Qué principios nuevos adoptaron?
¿Se incorporaron por convicción o porque el poder cambió de domicilio?
Cuando el tránsito ocurre inmediatamente después de perder una candidatura, una gubernatura o un espacio de influencia, la conversión ideológica se parece demasiado a supervivencia política.
El “PRIAN” como insulto ya no alcanza
Morena puede seguir utilizando la palabra “PRIAN” para descalificar a sus adversarios. Pero tendría que explicar por qué tantos personajes surgidos del PRI fueron aceptados, postulados, premiados o enviados como representantes de su gobierno.
No todos los que aparecen en la imagen son de Morena.
Pero casi todos terminaron dentro de su órbita.
Esa es la precisión que vuelve más fuerte la crítica: no estamos ante 32 morenistas, sino frente a una red de militantes, aliados, candidatos, conversos y funcionarios que encontraron acomodo alrededor del nuevo poder.
El PRI quizá dejó de gobernar México.
Lo que todavía no sabemos es cuánto del PRI continúa gobernando desde Morena.
El viejo régimen no desapareció: cambió de color, aprendió nuevas consignas y volvió a formarse en las filas de morena, que reparte candidaturas.
Desde Feeling.Mx
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