El voto con tarjeta de programa del bienestar, clientelismo que no caduca
En México, hay algo que nunca cambia: la vieja costumbre de confundir la justicia social con la propaganda política.

Esta semana, el Gobierno federal celebró —con bombo, platillo y discurso de redención— la entrega de un millón 349 mil 462 tarjetas del programa “Mujeres Bienestar”. Cada una promete 3 mil pesos bimestrales a mexicanas entre 60 y 64 años.
En apariencia, se trata de un acto noble: ayudar a quienes lo necesitan.
Pero en el fondo, huele —y fuerte— a clientelismo electoral con código de barras y sello institucional.
Las tarjetas se entregan a nombre del gobierno, pero se promueven en los mismos espacios donde la Presidenta hace campaña diaria desde el atril: las llamadas “mañaneras del pueblo”. Y no es coincidencia. Es estrategia.
El mensaje es claro y repetitivo: “mujeres, el gobierno las ve, las apoya y lEs deposita”.
El problema no está en apoyar.
El problema está en convertir el apoyo en herramienta de control político, donde cada peso parece llevar impreso un “vota por mí”.
No es casualidad i que las beneficiarias reciban un mensaje SMS del gobierno que les dice cuándo y dónde recoger su tarjeta.
Porque, en el México de la Cuarta Transformación, el Estado no toca la puerta del ciudadano: lo monitorea, lo cita y lo mide.
Ariadna Montiel, secretaria del Bienestar, habló de “dignificar a las mujeres mayores”. Y eso suena bien.
Pero mientras se presume la “inclusión”, las pensiones se distribuyen como un capital político que cotiza en votos, no como un derecho que fortalezca la independencia de las personas.
El discurso social pierde pureza cuando la entrega se convierte en espectáculo, cuando se repite el nombre de la presidenta más veces que el de la nación.
Ahí, la ayuda deja de ser justicia… y se vuelve inversión política.
Porque en México, la tarjeta no solo compra víveres: compra lealtad, esperanza y silencio.
Y al final, mientras la gente hace fila con su INE en una mano y su “talón GUINDO” en la otra, el país confirma una verdad incómoda:
Los programas del bienestar no siempre alivian la pobreza… pero sí aseguran el poder.
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Temas: bienestar, clientelismo, elecciones, manipulacion, mujeres, Programas Sociales
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