Bitso y Trump: ¿alianza por innovación o por control?
La imagen del CEO de Bitso, Daniel Vogel, frente al Departamento del Tesoro en Washington no es un gesto menor: es un mensaje.
El exchange mexicano de criptomonedas ha entrado a jugar en la cancha grande, sentado con asesores clave del gobierno de Donald Trump para discutir el futuro de las stablecoins bajo el marco del GENIUS Act.
El discurso es seductor: reducir costos de remesas, agilizar pagos, dar confianza al sistema financiero y acercar la inclusión a millones de usuarios. Vogel lo resume con un eslogan fácil de digerir: “que enviar dinero sea tan simple como mandar un WhatsApp”. ¿Quién no querría eso?
Pero la realidad detrás de esta fotografía es más compleja. Estados Unidos busca consolidarse como capital mundial de la industria cripto, y para ello necesita atraer empresas dispuestas a someterse a sus reglas. Lo que Trump ofrece no es solo un marco regulatorio: es control, es supervisión, es asegurar que el flujo de dinero —digital o físico— pase bajo su lupa.

Bitso, por su parte, busca oxígeno. El negocio de las remesas, que representa un motor clave de su modelo, se enfrenta a una caída preocupante. Los envíos desde Estados Unidos a México se redujeron más de 16% en junio, impactando a millones de familias que dependen de ese ingreso. A ello se suman las políticas migratorias más duras, que han frenado el envío de dinero y multiplicado la incertidumbre. En ese contexto, Bitso no solo quiere expandirse: necesita sobrevivir.
El punto crítico es que la narrativa de innovación puede estar ocultando un juego político y económico de mayor escala. Trump entiende que los migrantes mexicanos son fuerza de trabajo, pero también flujo de capital. Regular las stablecoins y atraer exchanges como Bitso es otra manera de retener ese dinero bajo jurisdicción estadounidense, disfrazando de inclusión lo que en realidad es dependencia.
La pregunta es si Bitso, al entrar a este acuerdo, se convertirá en un puente de libertad financiera o en un engranaje más del control económico que Washington quiere imponer sobre la región.
Lo que está en juego no es solo el futuro de un exchange mexicano, sino la soberanía financiera de millones de usuarios que buscan alternativas para enviar y recibir dinero. Y aunque Vogel hable de entusiasmo mutuo, la historia nos recuerda que en toda negociación con Estados Unidos, el entusiasmo suele inclinarse hacia el lado del poder.
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