Más afiliados que nunca sí, pero más y mejor cobertura no | Editorial
El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) alcanzó una cifra histórica: más de 23 millones de afiliados registrados hasta julio. El gobierno lo celebra como un éxito, pero la realidad detrás de los números tiene más matices que gloria.
Tras tres meses de caídas en el empleo formal, este repunte —de 1.2 millones de nuevos registros en un solo mes— no se debe a un crecimiento económico ni a una mejora en la calidad del empleo. La verdadera causa es que el IMSS obligó a las plataformas digitales (como Uber, Didi, Rappi, entre otras) a registrar a sus colaboradores, lo que infló las cifras sin que eso represente una mejoría sustantiva para millones de trabajadores.
Después de tres meses de caída del empleo formal, se registró un aumento de 1.2 millones en julio, pero no porque la economía haya crecido. Son los colaboradores de plataformas digitales a los que se obligó a registrarse en el IMSS.
— Sergio Sarmiento (@SergioSarmiento) August 6, 2025
¿Qué no se dice?
El crecimiento de afiliados no se ha traducido en un fortalecimiento de la atención médica ni de la infraestructura. Más bien, el IMSS enfrenta una de sus etapas más críticas:
Consultorios colapsados: largas filas madrugadoras, sin garantía de consulta el mismo día.
Falta de medicamentos: incluso tratamientos básicos para hipertensión, diabetes o infecciones comunes no están disponibles.
Déficit de personal médico y de enfermería: un solo médico debe atender hasta 40 pacientes por turno en algunas unidades familiares.
Infraestructura obsoleta: hospitales saturados, quirófanos sin mantenimiento y equipos inservibles.
Citas diferidas por meses: pacientes con padecimientos graves esperan semanas —o incluso meses— por una valoración o estudio. Y, finalmente, se atienden en servicios médicos privados.
¿Qué significa realmente esta “cifra histórica”?
El aumento de afiliaciones parece responder más a una estrategia de control fiscal que a una genuina expansión del acceso a la salud. Los trabajadores por aplicación, por ejemplo, no tienen un contrato laboral tradicional y muchos seguirán sin atención efectiva debido a la carga que esto representa para un sistema ya colapsado.
Así, más afiliados no significan más salud. Sin inversión real, sin profesionalización, sin abasto y sin respeto al derecho humano a la atención médica, estas cifras se convierten en simple propaganda.
Al final
Si el Estado quiere presumir una ampliación de cobertura, primero debe resolver el rezago estructural que mantiene al IMSS en crisis permanente. No se trata solo de inscribir nombres a un padrón, sino de garantizar que esos nombres encuentren atención, medicamentos y respeto cuando lo necesiten.
Porque afiliarse al IMSS no debe ser una condena a la espera interminable, sino una garantía de dignidad y bienestar.

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