Redadas, presión diplomática y la toga que estorba
Hoy, las primeras planas de los diarios mexicanos reflejan una constante: México y Estados Unidos están atrapados en una tensión bilateral que mezcla migración, narcotráfico y política. Y mientras el peso se fortalece frente al dólar, la dignidad institucional parece debilitarse.
Las redadas migratorias de la administración Trump han encendido una alarma humanitaria y política. Protestas en más de 20 ciudades de Estados Unidos evidencian el descontento con una política que ve a los migrantes como amenazas, no como personas. En paralelo, el gobierno de Joe Biden –presionado por una derecha crecida y radicalizada– exige a Claudia Sheinbaum resultados concretos contra los llamados narcopolíticos.
Pero la narrativa oficial mexicana insiste en que no hay presiones. Curioso: todos lo niegan, pero todos actúan como si alguien les hablara al oído. Mientras Sheinbaum se sienta a negociar con funcionarios estadounidenses, Morena avanza con otra ofensiva interna: quitarle la toga a los ministros de la Suprema Corte. Una metáfora perfecta para el momento que vivimos: despojar de autoridad a quien puede frenar el abuso de poder.
También desde Colombia llegan sombras: un militar abastece al narco mexicano. Más pruebas de que el crimen organizado es una red que trasciende fronteras, mientras los Estados intentan aparentar control con discursos huecos y reformas cosméticas.
Hoy más que nunca, se requiere un gobierno con la capacidad de resistir la presión externa sin claudicar, y con el coraje de mantener viva la división de poderes. No todo puede ser popularidad ni sumisión: se gobierna con principios o se fracasa con complicidad.
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