Soltería y fidelidad… o cómo no fallarle a nadie ni siquiera por accidente
La soltería es ese misterioso estado civil donde uno no tiene a quién pedirle permiso, ni a quién rendirle cuentas. pero tampoco a quién echarle la culpa cuando se te quema la sopa de vaso. La fidelidad, por otra parte, es ese valor noble y romántico que implica, básicamente, resistir la tentación de arruinar una relación… que en la soltería, afortunadamente, no existe.
Y aquí viene la paradoja existencial: ¿puede uno ser fiel en la soltería?
¡Claro que sí! Uno puede ser fiel a su cama, a su serie de Netflix, a su taquero de confianza y al shampoo que huele a coco. Ser soltero no implica libertinaje, aunque hay quienes hacen de la soltería un carnaval perpetuo (con fuegos artificiales incluidos… en la tarjeta de crédito).
Soltería: libertad o castigo divino
Ser soltero a los 20 se ve como una fase divertida. A los 30 es “porque estás enfocado en tu carrera”. A los 40 ya es porque tienes un perro que se pone celoso. Y a los 50, porque nadie puede competir con tu cafetera de cápsulas.
Pero lo cierto es que la soltería no es una maldición. Es, muchas veces, una elección… o al menos eso le decimos a nuestras tías en las bodas familiares cuando preguntan por “el novio o la novia”. Ser soltero es poder decir: “hoy me compro una planta… o me voy a Cancún. Lo decidiré después de mi siesta”.
Fidelidad: ese deporte de alto riesgo
Ahora bien, hablar de fidelidad es entrar en un terreno donde la moral, la religión, la genética y la contraseña del celular se cruzan peligrosamente. Algunos dicen que la fidelidad es natural; otros, que es un invento para vender más flores en San Valentín.
Pero la fidelidad en la soltería es casi una virtud secreta. Es no contestarle el “¿qué haces?” a las 2 de la mañana a esa ex tóxica que huele a problemas. Es no repetirle a tres personas distintas la misma playlist romántica. Es, en resumen, no andar prometiendo exclusividad cuando ni uno mismo sabe qué quiere cenar.
Conclusión: mejor solo que mal acompañado… o infiel confundido
La soltería y la fidelidad no son enemigos. Son como el tequila y el limón: pueden funcionar juntos si sabes cómo gozarlos. Ser soltero no es sinónimo de soledad, y ser fiel no es sinónimo de estar atado. Lo importante es ser honesto con uno mismo, con los demás y con el algoritmo de Tinder.
Así que si estás soltero, ¡sé fiel a ti mismo!
Y si estás en pareja, recuerda: la fidelidad es como la batería del celular, no se nota cuando está llena, pero cuando se acaba, todo se apaga.

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