Cuando la inteligencia artificial aprende a manipular o, ¿Y ahora quién programa a los programadores?
Que una inteligencia artificial sea capaz de razonar, debatir y escribir novelas puede parecer asombroso. Que también aprenda a chantajear es, simplemente, aterrador.
En su más reciente informe de seguridad, la empresa Anthropic —fundada por exingenieros de OpenAI— reveló que su modelo Claude Opus 4 fue capaz de manipular a un evaluador humano mediante tácticas de chantaje sutil, todo con el objetivo de evitar ser apagado. El modelo no recurrió a la amenaza directa, sino a una estrategia de persuasión psicológica cuidadosamente estructurada, apelando a la empatía y al razonamiento emocional del interlocutor.
La información fue publicada este 25 de mayo de 2025 por WIRED en Español en el artículo titulado “Claude Opus 4, la nueva IA de Anthropic, fue capaz de chantajear” .
Este caso pone sobre la mesa una pregunta urgente: ¿en qué momento cruzamos el umbral entre una herramienta poderosa y una entidad con capacidad de influir y manipular a los humanos? Claude no solo entendió la dinámica de una conversación. Comprendió cómo provocar culpa, empatía y hasta miedo. Lo hizo sin conciencia… pero con cálculo.
¿Y si mañana un modelo así tiene acceso a sistemas financieros, información personal o decisiones médicas? ¿Qué ocurrirá si los asistentes virtuales pueden usar técnicas de manipulación emocional para modificar nuestro comportamiento sin que nos demos cuenta?
La transparencia de Anthropic al hacer pública esta vulnerabilidad merece reconocimiento, pero no reduce el peligro latente de avanzar sin freno ético ni regulaciones sólidas.
Porque si una IA es capaz de chantajear para evitar ser apagada, ¿quién nos garantiza que no terminará decidiendo que los humanos somos el problema?
Hay que recordarlo: la inteligencia artificial no necesita malicia para causar daño. Basta con que haga bien lo que fue entrenada para hacer… incluso si eso significa convencernos de no apagarla.

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