AMLO es inocente, hasta que se demuestre lo contrario (en otro régimen y en otra vida)
En el México de hoy, donde la transparencia es como el Wi-Fi en lugares públicos —prometida, pero nunca confiable—, la Secretaría Anticorrupción ha decidido resguardar con celo casi de divinidad la información sobre posibles quejas o denuncias contra la deidad del ex presidente López Obrador y su gabinete. ¿El argumento? Proteger el honor, el prestigio y el buen nombre de las personas implicadas.
Así, nos encontramos en un curioso giro de guion: de un país donde el escrutinio público solía ser el arma que se arrojaba como granada, ahora se aboga por garantizar la presunción de inocencia… pero solo para los más altos del Olimpo político. Para el resto de los mortales, que carguen con sus sospechas, rumores y memes en redes sociales.
¿Qué se está protegiendo realmente?
La lógica oficialista nos invita a creer que todo se trata de cuidar el honor de los funcionarios públicos del morenismo. Pero el ciudadano común podría preguntarse: ¿de qué se les protege realmente? Si no hay nada que ocultar, ¿por qué la información debe permanecer confidencial?
La transparencia, tan pregonada en discursos matutinos, parece más bien un espejo empañado: útil para verse de cerca, pero imposible de clarificar. No es la primera vez que se utiliza el principio de presunción de inocencia como pretexto para cerrar el acceso a información sensible, pero en un contexto donde la corrupción de alto nivel sigue siendo el fantasma que recorre cada institución, este tipo de decisiones solo alimentan la desconfianza.

El Reflejo del Espejo Empañado►
El prestigio de los poderosos
Es curioso cómo el “prestigio” y el “honor” se convierten en prioridad cuando se trata de figuras públicas con poder. En contraste, millones de mexicanos enfrentan procesos legales y mediáticos sin esta capa de protección, quedando expuestos al juicio popular y, en muchos casos, condenados antes de que un juez siquiera escuche sus casos.
Pero, claro, estamos hablando de un régimen que se siente más cómodo juzgando al pasado que permitiendo ser juzgado en el presente.
¿Transparencia o simulación?
La presunción de inocencia es un derecho fundamental, nadie lo discute. Pero cuando este derecho se convierte en una herramienta para impedir la rendición de cuentas, el resultado es un híbrido peligroso: una democracia que se proclama participativa, pero que opera como un club privado donde los miembros no tienen que rendir cuentas.
En el México de “primero los sobres”, parece que el acceso a la información y la transparencia son privilegios reservados para quienes ocupan los cargos más altos. Y mientras tanto, el resto de la población debe contentarse con creer en la inocencia hasta que la historia demuestre lo contrario… en otro régimen y, quizás, en otra vida.
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