{"id":160161,"date":"2025-03-21T18:39:08","date_gmt":"2025-03-22T01:39:08","guid":{"rendered":"https:\/\/www.feeling.com.mx\/site\/?p=160161"},"modified":"2025-03-21T18:39:08","modified_gmt":"2025-03-22T01:39:08","slug":"lluvias-de-mayo-por-rocio-prieto-valdivia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.feeling.com.mx\/site\/160161\/lluvias-de-mayo-por-rocio-prieto-valdivia.html","title":{"rendered":"Lluvias de Mayo | Por Roc\u00edo Prieto Valdivia"},"content":{"rendered":"<p>Una de tantas tardes, Carolina miraba por la ventana con curiosidad. La ciudad que se extend\u00eda ante ella le parec\u00eda tan iluminada y, a la vez, alegre, quiz\u00e1s por las luces que se reflejaban en los charcos de la calle. La lluvia ca\u00eda suavemente, y el aire fresco de mayo se colaba por la ventana, inundando la habitaci\u00f3n y acariciando su rostro.<\/p>\n<p>Pero para Carolina era solo una tarde m\u00e1s. Se repet\u00eda esta idea mientras permanec\u00eda recostada en su cama, terminando de leer el libro que compr\u00f3 la tarde en que conoci\u00f3 a quien consideraba el amor de su vida. El sonido de la lluvia en el tejado era como un arrullo y, al mismo tiempo, le daba un aire melanc\u00f3lico a la ca\u00edda del crep\u00fasculo. Parec\u00eda como si la ciudad misma se sintiera atrapada en el final de algo que no terminaba de suceder. Carolina dej\u00f3 escapar un suspiro que, como siempre, parec\u00eda mezclarse con el murmullo de la lluvia.<\/p>\n<p>De pronto, en sus pensamientos apareci\u00f3 \u00d3scar, el chico que tanto le agradaba. Parec\u00eda que incluso el libro se empe\u00f1aba en hacerla divagar en la primera vez que lo vio en aquella cafebrer\u00eda. \u00c9l llevaba puesta su chamarra de cuero, sus jeans deslavados y sus Nike blancos de bota. A Carolina le pareci\u00f3 tan apuesto que, para colmo de males, todo en \u00e9l emanaba esa loci\u00f3n que la volv\u00eda loca: el intenso y dulce aroma de maderas y jazm\u00edn persa. Adem\u00e1s, entre sus manos sosten\u00eda un peque\u00f1o libro, \u00abPiedra de sol\u00bb de Octavio Paz. Todo era tan irreal, tan ambiguo, y, a la vez, un espiral que no terminaba de ser.<\/p>\n<p>Sin apartar sus pensamientos del pasado ni la vista del libro, ley\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Ah\u00ed estar\u00e1s, en alg\u00fan rinc\u00f3n, esperando a tu gran amor&#8230;<\/p>\n<p>Y pens\u00f3: \u00abTal vez deber\u00edamos seguir adelante, con la mirada puesta en otros lugares\u00bb. Musit\u00f3 casi para s\u00ed misma, con un tono dubitativo, como si el pensamiento a\u00fan estuviera a medio formar.<\/p>\n<p>En ese momento, su madre entr\u00f3 al cuarto con una taza de chocolate reci\u00e9n hecho. Carolina no la hab\u00eda percibido ni siquiera escuch\u00f3 sus pasos al aproximarse. Rebeca, al verla, frunci\u00f3 el ce\u00f1o con una sonrisa en los labios.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDec\u00edas algo, Carolina? \u2014pregunt\u00f3 con curiosidad, pero sin insistir.<\/p>\n<p>Carolina se sobresalt\u00f3, como si la presencia de su madre la sacara de un ensue\u00f1o al que ya estaba acostumbrada. No quer\u00eda hablar de lo que pasaba en su cabeza, porque tampoco lo entend\u00eda del todo. El chico, el amor, la ciudad&#8230; Todo se mezclaba en algo que no lograba tomar forma.<\/p>\n<p>\u2014Nada, madre \u2014respondi\u00f3 con rapidez\u2014. Solo pensaba en voz alta.<\/p>\n<p>Rebeca no insisti\u00f3. Las palabras de Carolina se disolv\u00edan como la niebla. La ciudad continuaba con su respiraci\u00f3n r\u00edtmica, la lluvia segu\u00eda cayendo d\u00e9bilmente, como si el mundo estuviera a punto de ceder ante la felicidad deseada por Carolina.<\/p>\n<p>Entonces, se levant\u00f3, tom\u00f3 la taza de chocolate, dej\u00f3 el libro sobre la mullida cama y cerr\u00f3 la ventana. La ciudad, iluminada y dispersa, segu\u00eda ah\u00ed, inmutable. Mayo estaba por irse y, con \u00e9l, quiz\u00e1s, alguna esperanza que no llegaba a concretarse. Un mes m\u00e1s que se esfumaba, igual que los otros, sin nada que se volviera realidad.<\/p>\n<p>Carolina sali\u00f3 de su cuarto y fue con su madre a la cocina. Las grandes encimeras estaban llenas de varios manjares: pan reci\u00e9n horneado, tortillas de harina, salsas, queso y ensalada de frutas. Pero Carolina segu\u00eda ensimismada.<\/p>\n<p>\u2014Mayo se va&#8230; una vez m\u00e1s \u2014murmur\u00f3 sin mirar a su madre, como si las palabras, al igual que sus pensamientos, no pudieran quedarse mucho tiempo en su boca ni en su ser.<\/p>\n<p>Rebeca, que hab\u00eda vuelto a la cocina, la dej\u00f3 en su mutismo. En esas horas tard\u00edas, la madre entend\u00eda que a veces la soledad deb\u00eda ser ese todo que uno pudiera ofrecer.<\/p>\n<p>Carolina, en cambio, no quer\u00eda dejar de pensar en las palabras que nunca hab\u00eda dicho, en los gestos que quedaban suspendidos entre las cosas no resueltas. En las veces que no logr\u00f3 concretar un noviazgo con \u00d3scar, en el beso que nunca lleg\u00f3 a ser y en lo que a\u00fan no eran. Un letargo se apoder\u00f3 de ella, un letargo que le ofrec\u00eda una sonrisa como pu\u00f1etazos que abr\u00edan las nubes y hac\u00edan de la tarde-noche una inmensa fiesta de luces sobre la ciudad.<\/p>\n<p>Pasaron unos cuantos minutos y, de repente, el timbre de la puerta son\u00f3, sac\u00e1ndola de su ensimismamiento. Fue un sonido inesperado. Por inercia, Carolina pens\u00f3 de nuevo en \u00d3scar y se acerc\u00f3 a la puerta. Al abrirla, ah\u00ed estaba \u00e9l. Parec\u00eda que el destino se empe\u00f1aba en ponerlo junto a ella. Sonri\u00f3 al verlo empapado, con su chaqueta escurriendo y el cabello desordenado por la lluvia.<\/p>\n<p>\u2014\u00bf\u00d3scar? \u00bfPero qu\u00e9 haces aqu\u00ed? \u2014pregunt\u00f3 sin poder evitar que un dejo de sorpresa, nerviosismo y alegr\u00eda se colara en su voz. No esperaba verlo, y menos esa lluviosa tarde.<\/p>\n<p>\u2014Necesitaba verte. \u00bfPuedo pasar? \u2014pregunt\u00f3 \u00e9l, como si nada hubiera cambiado, como si fuera lo m\u00e1s natural del mundo aparecer de la nada.<\/p>\n<p>Carolina, a\u00fan indecisa, asinti\u00f3. Hizo un gesto con la mano para que entrara. No ten\u00eda claro por qu\u00e9 estaba all\u00ed ni por qu\u00e9 su presencia en ese momento le provocaba algo que no lograba definir. Era una de esas presencias que, como la lluvia, se instalaban sin pedir permiso.<\/p>\n<p>\u00d3scar se quit\u00f3 la chaqueta, la dej\u00f3 colgada y se dirigi\u00f3 hacia la sala sin mirar demasiado a su alrededor. Carolina, por su parte, lo observaba con extra\u00f1eza. No era la primera vez que \u00e9l ven\u00eda a su casa, pero s\u00ed, hab\u00eda algo diferente en \u00e9l. Como si tambi\u00e9n supiera que las cosas ya no eran lo que antes, aunque no lo dijera.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 hac\u00edas? \u2014pregunt\u00f3 \u00d3scar al notar que Carolina segu\u00eda distra\u00edda, mirando por la ventana.<\/p>\n<p>Carolina lo mir\u00f3 sin encontrar las palabras precisas. La verdad era que, a veces, ni ella misma sab\u00eda qu\u00e9 pensaba ni por qu\u00e9 pensaba esas cosas. Se limit\u00f3 a responder con la voz apagada:<\/p>\n<p>\u2014Pensaba que todo es como la lluvia&#8230; pasa, pero siempre vuelve.<\/p>\n<p>\u00d3scar la observ\u00f3 con una intensidad que no pudo evitar. No hab\u00eda prisa en su mirada, solo esa calma, de alguien que sabe que los momentos, aunque ef\u00edmeros, siempre regresan en otra forma.<\/p>\n<p>\u2014Y tal vez eso est\u00e1 bien \u2014respondi\u00f3 \u00e9l, casi en un susurro\u2014. Porque siempre volvemos, \u00bfno?<\/p>\n<p>Las palabras colisionaron en el aire, pero ninguno de los dos las entendi\u00f3 por completo. Hab\u00eda algo en ellas que sonaba a despedida, aunque ninguno quisiera reconocerlo. Se quedaron juntos, parados en el ventanal, tomados de la mano, vi\u00e9ndose reflejados en el espejo de agua. La lluvia ca\u00eda con lentitud mientras mayo se desvanec\u00eda sin prisa, tal vez esperando que finalmente se dieran un beso y se mojaran bajo la lluvia.<\/p>\n<p><div class=\"media-container 16by9\"  style=\"text-align:center;border:solid;border-width:1px;border-color:#000;background-color:#000;margin:10px 0;padding:5px;\"><iframe width=\"580\" height=\"381\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/hpLPMl_wntU?autohide=1&rel=0\" frameborder=\"0\" allowfullscreen><\/iframe><\/div><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una de tantas tardes, Carolina miraba por la ventana con curiosidad. La ciudad que se extend\u00eda ante ella le parec\u00eda tan iluminada y, a la vez, alegre, quiz\u00e1s por las luces que se reflejaban en los charcos de la calle. 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