{"id":142669,"date":"2023-12-09T13:01:28","date_gmt":"2023-12-09T21:01:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.feeling.com.mx\/site\/?p=142669"},"modified":"2023-12-09T13:02:13","modified_gmt":"2023-12-09T21:02:13","slug":"el-beso-de-sal-rocio-prieto-valdivia-colaboradora","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.feeling.com.mx\/site\/142669\/el-beso-de-sal-rocio-prieto-valdivia-colaboradora.html","title":{"rendered":"El Beso de Sal | Roc\u00edo Prieto Valdivia | Colaboradora"},"content":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Carlos la vio alejarse hasta perderse en la bruma espesa de la tarde-noche; a\u00fan la cubr\u00eda el abrigo azul que le hab\u00eda prestado, y sus ojos se inundaron del salino olor que a\u00fan le quedaba en los labios.<\/p>\n<div id=\"attachment_142670\" style=\"width: 1034px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-142670\" loading=\"lazy\" src=\"http:\/\/www.feeling.com.mx\/img\/2023\/12\/jose-carlos-la-vio-alejarse-hasta-perderse-en-la-bruma-espesa-de-la-tarde-noche.jpg\" alt=\"El beso de sal -Roc\u00edo Prieto Valdivia \" width=\"1024\" height=\"1024\" class=\"size-full wp-image-142670 img-responsive \" srcset=\"https:\/\/www.feeling.com.mx\/img\/2023\/12\/jose-carlos-la-vio-alejarse-hasta-perderse-en-la-bruma-espesa-de-la-tarde-noche.jpg 1024w, https:\/\/www.feeling.com.mx\/img\/2023\/12\/jose-carlos-la-vio-alejarse-hasta-perderse-en-la-bruma-espesa-de-la-tarde-noche-315x315.jpg 315w, https:\/\/www.feeling.com.mx\/img\/2023\/12\/jose-carlos-la-vio-alejarse-hasta-perderse-en-la-bruma-espesa-de-la-tarde-noche-300x300.jpg 300w, https:\/\/www.feeling.com.mx\/img\/2023\/12\/jose-carlos-la-vio-alejarse-hasta-perderse-en-la-bruma-espesa-de-la-tarde-noche-40x40.jpg 40w, https:\/\/www.feeling.com.mx\/img\/2023\/12\/jose-carlos-la-vio-alejarse-hasta-perderse-en-la-bruma-espesa-de-la-tarde-noche-150x150.jpg 150w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><p id=\"caption-attachment-142670\" class=\"wp-caption-text\">El beso de sal -Roc\u00edo Prieto Valdivia<br \/><\/p><\/div>\n<p>Hab\u00eda conocido a la mujer tan solo unas horas antes, justo antes de la ca\u00edda del crep\u00fasculo. Su cabello era tan oscuro como las profundidades del mar; en su rostro, sus peque\u00f1os ojos brillaban en la distancia, como lo hacen las peque\u00f1as gotas de f\u00f3sforo ante el oleaje en las arenas. Esos ojos llamaron tanto la atenci\u00f3n de Jos\u00e9 Carlos como si de un hechizo marino se tratara.<\/p>\n<p>La chica parec\u00eda tan irreal que, al ver la imagen que hab\u00eda aparecido junto a \u00e9l mientras limpiaba la embarcaci\u00f3n, se frot\u00f3 los ojos con los pu\u00f1os. Hab\u00eda regresado de una salida al mar abierto y, cruzando la bah\u00eda, sonri\u00f3 al observar a un peque\u00f1o grupo de vaquitas marinas que nadaban libremente hacia su embarcaci\u00f3n. Eran tan pocas ya que no pudo evitar mostrar ternura acarici\u00e1ndoles el lomo; aunque su presencia fantasmal podr\u00eda haber sido una indicaci\u00f3n de la inminente extinci\u00f3n de su especie, quiz\u00e1s despidi\u00e9ndose.<\/p>\n<p>Aun as\u00ed, Jos\u00e9 Carlos las observ\u00f3, acostumbrado al tama\u00f1o de las totoabas y otros peces que normalmente capturaba en el Mar de Cort\u00e9s. Tom\u00f3 algunas fotograf\u00edas con su c\u00e1mara r\u00e9flex digital. Mientras tomaba notas, una de ellas se acerc\u00f3 curiosa a la embarcaci\u00f3n. Jos\u00e9 Carlos se dio cuenta de que tal vez era la \u00faltima vaquita marina hembra. Fue el fuerte aroma humano lo que la atrajo. Ella se vio reflejada en los ojos del joven bi\u00f3logo, que irradiaban confianza, y \u00e9l, a cambio, le acarici\u00f3 con tal suavidad como si se tratara de una mujer. Inclin\u00e1ndose lo m\u00e1s que pudo desde la embarcaci\u00f3n hacia el agua, le dio un beso en la nariz.<\/p>\n<blockquote><p>Oh, peque\u00f1a; eres un rayo de luz. Me gustar\u00eda protegerte contra mi pecho, cuidarte para que jam\u00e1s te extinguieras.<\/p><\/blockquote>\n<p>La peque\u00f1a vaquita emiti\u00f3 un sonido entre \u00e1spero y tenue, pues esas fueron las palabras exactas que ella quer\u00eda escuchar. Desde el mar, lo vio alejarse en la lancha que atravesaba el escarpado oleaje. Nad\u00f3 y nad\u00f3, intentando alcanzarlo; sin embargo, la lancha era tan r\u00e1pida que se perdi\u00f3 en la lejan\u00eda. La diminuta vaquita empez\u00f3 a sentirse triste, y las l\u00e1grimas de sus ojos salaban a\u00fan m\u00e1s el mar.<\/p>\n<p>El dios del Oc\u00e9ano, al ver su profunda tristeza, le concedi\u00f3 un deseo. Tendr\u00eda unas horas para buscar el amor terrenal. Despu\u00e9s, ella morir\u00eda y, con ella, su especie entera ingresar\u00eda al para\u00edso de las criaturas marinas. Solo ser\u00edan recordadas en sombr\u00edos documentales de la naturaleza.<\/p>\n<p>La vaquita acept\u00f3 el trato con el dios, a pesar del descontento entre sus otros compa\u00f1eros. Con un gesto de su mano en las olas, el dios la transform\u00f3 en una hermosa criatura terrestre. Sus aletas se convirtieron en delicadas manos, y con gracia nad\u00f3 durante horas hacia la orilla. Lleg\u00f3 exhausta y desnuda. La princesa Jusnai, guardiana Pai-pai de la bah\u00eda de Ensenada, le ofreci\u00f3 uno de sus vestidos tejidos con sargazos.<\/p>\n<p>Ella se lo puso y camin\u00f3 por la orilla de la playa, apenas mojando sus pies. El agua estaba tibia y espumosa. Lleg\u00f3 al malec\u00f3n y de ah\u00ed al embarcadero donde Jos\u00e9 Carlos hab\u00eda dejado la lancha de la facultad de ciencias, lugar donde realizaba estudios sobre especies marinas de la regi\u00f3n. Al ver al joven, sinti\u00f3 ternura. Jos\u00e9 Carlos, sin saber que se trataba de la vaquita marina, se sinti\u00f3 atra\u00eddo por aquella mujer de cabello azabache que se detuvo junto a su lancha.<\/p>\n<p>Ella le sonri\u00f3, y juntos caminaron por la orilla del malec\u00f3n. La niebla comenzaba a adentrarse en el puerto, y ella cruz\u00f3 los brazos, sintiendo un poco de fr\u00edo; no estaba acostumbrada a tanto viento en su piel. El bi\u00f3logo le prest\u00f3 su abrigo para cubrirla, ya que una densa bruma comenzaba a invadir el ambiente del puerto. Continuaron caminando por el largo malec\u00f3n, tomados de la mano, pasando junto a la estatua de una mujer esculpida en piedra. Jos\u00e9 Carlos explic\u00f3 que se trataba de la Virgen del Carmen, patrona de los pescadores. Junto al ancla, emblema de la zona portuaria, se abrazaron tiernamente. Y as\u00ed Jos\u00e9 Carlos cumpli\u00f3 su promesa: la tuvo cerca, la protegi\u00f3 del fr\u00edo y ella le dio un beso con sabor a sal. Entrada la noche, se despidi\u00f3 de \u00e9l, y el bi\u00f3logo la vio alejarse con su abrigo puesto, saltando sobre las rocas de la playa, hasta que la perdi\u00f3 de vista.<\/p>\n<p><strong>Roc\u00edo Prieto Valdivia. Mexicali, Baja California. 1974. Escritora y promotora cultural. Ganadora del Concurso de Relato Amores Mitol\u00f3gicos (2018), de Ciudad del Carmen. Ha publicado poemas y cuentos en revistas como Diario del Sureste, 4 Vientos, Hysteria, La Pira\u00f1a, Senderos Iberos, Revista Azahar, Vocero, Frontera Esquina y Tijuana Po\u00e9tica.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Carlos la vio alejarse hasta perderse en la bruma espesa de la tarde-noche; a\u00fan la cubr\u00eda el abrigo azul que le hab\u00eda prestado, y sus ojos se inundaron del salino olor que a\u00fan le quedaba en los labios. El beso de sal -Roc\u00edo Prieto Valdivia Hab\u00eda conocido a la mujer tan solo unas horas antes, justo antes de la ca\u00edda del crep\u00fasculo. Su cabello era tan oscuro como las&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":142670,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[3692],"tags":[47651,47527],"views":218,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.feeling.com.mx\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/142669"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.feeling.com.mx\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.feeling.com.mx\/site\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.feeling.com.mx\/site\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.feeling.com.mx\/site\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=142669"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.feeling.com.mx\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/142669\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.feeling.com.mx\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media\/142670"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.feeling.com.mx\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=142669"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.feeling.com.mx\/site\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=142669"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.feeling.com.mx\/site\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=142669"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}