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El Expósito, La Verdadera Historia De Un Secuestro (Continúa buscando) VIDEO

Publicado: junio 26, 2018
El Expósito, La Verdadera Historia De Un Secuestro (Continúa buscando) VIDEO Compartido por:

Si alguien tiene información sobre este caso puede contactar a Paul en su sitio web aquí.

“El FBI le dijo a mis padres que yo era el bebé que les habían robado… pero descubrí la verdad”, Así presenta el caso BBC Mundo para los lectores de habla hispana.

Paul Fronczak fue robado de un hospital en Chicago cuando tenía un día de nacido. (Foto: Cortesía Paul Fronczak)

En 1954, cuando Paul Joseph Fronczak tenía un día de nacido, lo robaron de un hospital en Chicago. La terrible historia fue tema de titulares en todo Estados Unidos.

Dos años después, un niño abandonado fue identificado como el bebé que habían robado y lo entregaron a sus aliviados padres. Cuando pasó el tiempo, Paul comenzó a investigar lo que había ocurrido, y quedó conmocionado por lo que descubrió.

Paul Fronczak tenía 10 años cuando fue a buscar sus regalos de navidad en el sótano de la casa de sus padres. Cuando empujó un sofá descubrió tres misteriosas cajas llenas de cartas, tarjetas de conmiseración y recortes de periódicos.

Uno de los titulares decía: “200 buscan al bebé robado”. Otro: “La madre pide a los secuestradores que regresen al bebé”.

Paul reconoció a sus padres en las fotografías, se veían consternados y mucho más jóvenes. Entonces leyó que su bebé, Paul Joseph, había sido secuestrado.

“¡Guau! Ese soy yo”, pensó.

Era una historia increíble. El 26 de abril de 1954, Dora Fronczak había dado a luz a un bebé varón en el hospital Michael Reese de Chicago.

La madre había amamantado al bebé durante el primer día de nacido. Pero la mañana siguiente una mujer vestida de enfermera entró al cuarto de Dora y se llevó al bebé para que lo examinara un médico. La mujer nunca regresó.

El personal del hospital se dio cuenta de que algo estaba mal y pronto comenzó una búsqueda frenética. Sin embargo, el hospital no notificó a las autoridades, ni a los padres del bebé, hasta el medio día.

A las 3 de la tarde llamaron al padre, Chester Fronczak a la fábrica donde trabajaba como maquinista.

“Mi padre salió del trabajo, fue al hospital y le dijo a su esposa que el bebé había desaparecido”, cuenta Paul. “Piensas que estando en el hospital estás seguro, pero allí es donde roban a tu bebe”.

Entonces comenzó la mayor búsqueda de la historia de Chicago, en la que participaron 175.000 trabajadores postales, 200 policías y el FBI.

Para la medianoche habían registrado 600 casas pero sin éxito.

Agitado por su descubrimiento, Paul subió corriendo con una serie de recortes de periódico y le preguntó a su madre si se trataba de él.

Dora reaccionó enojada, regañándolo por estar husmeando. Después lo admitió: “Sí, fuiste secuestrado. Te encontramos, te amamos, y esto es todo lo que necesitas saber”.

Paul sabía que no debía abordar el tema otra vez y, durante 40 años, no lo hizo.

Pero su curiosidad no quedó satisfecha y, a menudo, cuando estaba solo en la casa, bajaba al sótano para leer más.

Niño abandonado
Así fue como Paul supo del capítulo siguiente de su historia, sobre cómo llegó a vivir con los Fronczaks.

Después del secuestro, Dora y Chester permanecieron en el hospital durante una semana, esperando noticias.

Cuando regresaron a su casa se vieron invadidos por la prensa. A pesar de toda la publicidad, no había pistas confiables. El bebé había desaparecido sin dejar rastros.

La investigación fue discretamente archivada.

Entonces, en marzo de 1966, casi dos años después, Dora y Chester recibieron una carta del FBI. Un niño que había sido encontrado en Newark, Nueva Jersey, coincidía con la descripción de su hijo.

Paul aparece en la fotografía con sus padres en la oficina del FBI. (Foto: Cortesía Paul Fronczak)

El niño había sido abandonado en un coche de bebé en un concurrido centro comercial y en julio del año anterior había sido colocado con una familia adoptiva temporal, los Eckerts. Ellos lo habían bautizado como Scott KcKinley y estaban tan encariñados con él que estaban considerando adoptarlo.

Antes de poder hacerlo, sin embargo, un detective de la policía de Nueva Jersey tuvo la idea de que el niño podría ser el bebé desaparecido en Chicago.

El FBI comenzó a investigar la teoría. No había mucho de dónde partir. No había registro del tipo de sangre de Paul Joseph, ni el hospital había tomado las huellas digitales del bebé.

Todo lo que tenían era una sola fotografía tomada el día en que nació y la forma de la oreja del bebé en esa foto era muy similar a la del niño abandonado.

“Terminaron analizando a más de 10.000 niños que tenían posibilidades de ser Paul, y yo era el único que no podían excluir totalmente”.

Los Fronczak se pusieron eufóricos al escuchar la noticia. “En ese entonces el FBI era la autoridad de élite, y cuando te decían algo tú lo creías”, cuenta Paul.

Tres meses después condujeron desde Chicago para conocer al niño que podría ser su hijo hasta las oficinas de los servicios infantiles de Nueva Jersey.

Los tres fueron sometidos a una serie de pruebas psicológicas antes de la reunión. Dora y Chester también tenían que ser aprobados para poder adoptar al niño que entonces era conocido oficialmente como Scott.

“Un agente del FBI me llevó y nos dejaron un rato para familiarizarnos”, dice Paul. “Mi mamá solo había pasado menos de un día con su recién nacido antes de que este desapareciera del hospital. Y después, años más tarde, ve a este niño”.

Dora le contó después a Paul que sentía que el mundo estaba observándola.

“Ella pudo haber dicho: ‘no estoy segura’, y así dejar al niño en el sistema, o decir: ‘sí, ese es mi hijo’. E incluso si eso no era cierto, podía salvar a ese niño de lo que pudo ser una vida horrible”, afirma Paul.

Dora dijo que era su hijo.

“Ella hizo lo que pensó que era lo correcto, y estoy contento de que lo haya hecho”, asegura Paul.

Entonces lo llevaron a Chicago y lo adoptaron formalmente.

Los Fronczak fueron padres cariñosos, aunque, comprensiblemente, fueron sobreprotectores. A veces eso condujo a enfrentamientos. Enviaron a Paul a un estricto colegio católico, pero a él le gustaba la música rock y usaba el cabello largo.

Una vez, durante una acalorada discusión por lo largo de su cabello, Dora dijo: “desearía que nunca te hubieran encontrado”.

Eso se le quedó grabado a Paul. “Incluso hasta ahora, solo pensar en ello, lo siento hasta el alma”, dice.

Después de graduarse de la secundaria, Paul se fue de su casa para convertirse en bajista de una banda de rock en Arizona.

Cinco años después, cuando la banda se deshizo, regresó a Chicago pero poco después se unió al ejército por un año.

Después se mudó de un lado a otro trabajando como vendedor, modelo y actor. Finalmente se estableció en Las Vegas.

“Me mudé al menos 50 veces en mi vida y tuve unos 200 empleos. Y no importa adónde iba o qué hacía, siempre llevé esos recortes de periódico conmigo”, cuenta.

En 2008, Paul se casó por segunda vez y con su esposa, Michelle, una maestra, se vieron esperando una niña. Paul estaba encantado. Pero cuando el obstetra les preguntó sobre sus historiales médicos familiares, Paul no supo como contestar.

Desde que supo del secuestro se había preguntado si realmente él era hijo de sus padres.

“Pensaba: ‘¿cuáles son las posibilidades de que yo realmente sea ese bebé secuestrado en Chicago?’”.

“Me habían encontrado tan lejos que parecía incomprensible”.

Siempre había sentido que no pertenecía. Sus padres parecían mucho más cercanos a su hermano menor, Dave. Todos eran callados y reservados mientras que a Paul le gustaba la música fuerte y las motocicletas veloces. También eran físicamente diferentes.

“Dave era exactamente como mi papá, sus costumbres, sus expresiones faciales, la forma corporal, todo. Y yo no me parecía a ninguno”.

Ahora la pregunta que lo obsesionaba era ¿realmente él era el bebé secuestrado?

“Durante años quise hacer una prueba de ADN con mis padres”, recuerda Paul. “No porque no fuera feliz, solo quería saber la verdad. Siempre había tenido una razón para no hacerlo, no quería herirlos, pero llegó un punto en que necesitaba saber”.

También se había visto desalentado por el costo. Pero un día, en 2012, Paul vio un equipo para análisis de ADN en oferta y lo compró.

Cuando sus padres llegaron de Chicago para visitarlo, Paul se armó de valor para abordar el tema.

“¿Alguna vez se han preguntado si yo soy su verdadero hijo?, les preguntó. Tomados por sorpresa sus padres admitieron que sí lo habían pensado. “‘¿Les gustaría saber si lo son?’, preguntó”.

Poco después todos se tomaron muestras de saliva y sellaron los equipos. Los padres partieron hacia Chicago.

Para cuando su avión aterrizó pocas horas después, Dora y Chester cambiaron de parecer. Llamaron a Paul y le pidieron que no enviara las muestras. Él era su hijo y eso era todo.

“Me quedé con esas muestras en el cajón de mi escritorio durante un par de semanas”, explica Paul. “Pensaba en ello todos los días porque quería a mis padres. Quería respetar sus deseos, pero a veces tienen que hacer lo que crees que es correcto. ¿Cómo puedes equivocarte si estás tratando de encontrar la verdad?”.

Y envió las muestras de ADN para analizarlas.

Los resultados
Estaba en el trabajo cuando recibió una llamada sobre los resultados. Le dijeron que “no había ni una remota posibilidad” de que él fuera Paul Fronczak, el hijo biológico de Dora y Chester.

“Solo sentí que mi vida, como la conocía, había terminado. Sentí que el color se me iba de la cara. No podía pensar, estaba sudando”, afirma Paul.

“Todo lo que había pensado sobre mí mismo, mi cumpleaños, mi historial médico, ser polaco, ser católico, incluso ser un Taurus, se iba por la ventana y por un segundo no supe quién era”.

Los resultados plantearon dos preguntas urgentes. ¿Quiénes eran los padres de Paul si Dora y Chester Fronczak no lo eran? Y ¿qué había ocurrido con el verdadero Paul?

Antes de contarle a sus padres la noticia, Paul llamó a un periodista de investigación local, George Knapp, para pedirle ayuda. Pronto Paul Joseph Fronczak se convirtió otra vez en una noticia nacional.

Su familia, que rehuía a la prensa, estaba furiosa, y le dejaron de hablar durante un año.

“Tienes que entender que la razón principal por lo que lo hice fue para encontrar al verdadero hijo de mis padres”, cuenta Paul. “Fueron los mejores padres. El mejor regalo que podría darles era encontrar a ese niño secuestrado y pensé que la mejor forma de hacerlo era pidiendo la ayuda de los medios”.

Una consecuencia de hacer la historia pública fue que el FBI reabrió el caso de secuestro de los Fronczak. Habían localizado 10 cajas de archivos originales del caso en Chicago, pero debido a que los resultados de ADN habían demostrado que él no era el bebé robado, Paul no tenía derecho de verlos.

Sin embargo lo hizo. Habló con uno de los agentes retirados del FBI que habían trabajado en el caso original, Bernie Carey, quien admitió que algunos en el equipo no habían estado convencidos de que habían encontrado al niño secuestrado.

Paul tuvo más suerte con la búsqueda de sus padres biológicos.

Un equipo de voluntarios llamados los Detectives de ADN tomaron el caso sin costo. Dirigidos por la genealogista genética CeCe Moore, usaron una combinación de pruebas de ADN con técnicas convencionales de investigación: búsqueda en periódicos, registros públicos, redes sociales e innumerables entrevistas telefónicas.

Aunque Paul había sido encontrado en Nueva Jersey, rastreó a su familia a Tennessee. Mientras tanto, sus pruebas de ADN revelaron que tenía raíces judías asquenazí.

“Sabía que un lado de la familia había tenido un abuelo judío”, relata Moore.

Pasaron meses antes de que pudieran avanzar. Una conversación con uno de los familiares potenciales de Paul le mencionó que en la familia se habían perdido unos gemelos.

“Entonces supimos que finalmente estábamos en la dirección correcta”, agrega.


La genealogista Michelle Trostler frente a una “pared de notas adheribles” sobre el caso. (Foto: Cortesía Alex Tresniowksi)
El 3 de junio de 2015, dos años después de que habían comenzado su investigación, Moore le llamó a Paul.

“¿Qué te parece el nombre de Jack?”, le preguntó.

Él le dijo que el nombre estaba bien. Moore agregó: “bueno, ese es tu nombre”.

Paul y su primo, Lenny Rocco. (Foto: Cortesía Paul Fronczak)

Así fue como descubrieron que él había nacido como Jack Rosenthal, y que tenía seis meses más de lo que siempre había creído. Su verdadero cumpleaños era el 27 de octubre de 1963.

Y además, tenía una hermana gemela, Jill. Pero ella, igual que él, había desaparecido. Así que ahora Paul debía encontrar a otra persona.

“Es imposible escuchar que tienes un gemelo y no dejar de buscar a esa persona por el resto de tu vida”, cuenta Moore.

Conocer a sus familiares fue al principio emocionante.

Paul, que siempre había estado atraído hacia la música descubrió que su primo, Lenny Rocco, era músico.

“Para mí eso realmente comprueba que no tienes que ser criado por tus verdaderos padres para tener sus mismas características, como las habilidades musicales a las que nunca estuve expuesto pero siempre me sentí atraído”, relata Paul.

Pero Paul descubrió que había un lado oscuro en su familia biológica. Su madre, Marie, bebía en exceso, y su padre, Golbert, había regresado de la guerra de Corea “como un hombre enojado”.

Había evidencia de que Paul y su hermana gemela, Jill, que tenían dos hermanas mayores y un hermano menor, habían sido seriamente descuidados. Siempre estaban llorando, dice la familia, y una prima recuerda ver a los bebés “sentados en una jaula”.

Nadie sabe exactamente qué ocurrió, pero siempre que los miembros de la familia preguntaban sobre los gemelos les decían que otro miembro de la familia los estaba cuidando, cuando de hecho, parecía que no era así.

Paul cree que “algo trágico” le pudo ocurrir a Jill y que eso pudo haber provocado la decisión de deshacerse de Jack “porque no podían explicar por qué solo había un gemelo”.

Búsqueda obsesiva
En su libro, The Foundling (“El Expósito”), Paul describe cómo fue su obsesiva, y a veces atrevida, búsqueda de respuestas.

“Mis padres verdaderos realmente no eran personas muy agradables. Estoy agradecido de que me abandonaran porque eso me permitió estar con los Fronczaks. Ellos me salvaron la vida”, dice Paul.

Dos años después de pelearse por los análisis de ADN, Paul hizo las paces con tus padres adoptivos, y por primera vez se sentó con ellos para hablar sobre lo que había ocurrido. Dora le contó por lo que habían pasado.

Dora también le dio a Paul un álbum de fotos y cartas que le habían entregado los Eckerts, la familia que lo adoptó temporalmente por un año.

“Mi mamá tuvo ese álbum toda mi vida y nunca me lo mencionó. Esto me entristece porque esas fueron las primeras fotografías que tengo siendo niño. Ni siquiera mi familia real tenía fotos de mi siendo bebé. Mi abuela tenía un álbum con todos los hijos en orden cronológico, y la página de los gemelos fue arrancada”.

El padre de Paul, Chester, murió en agosto, pero Paul habla con su madre cada dos días. Dora cumplirá 82 años el 27 de octubre, el mismo día del cumpleaños de Paul.

Paul sigue determinado a descubrir lo que ocurrió con el hijo de Dora. Todavía tiene a un investigador privado trabajando en el caso y dice que el siguiente paso será exhumar un cuerpo.

De hecho quiere exhumar dos cuerpos.

“Tenemos una pista realmente fuerte sobre un posible Paul, y el otro es posiblemente mi hermana gemela”.

La exhumación es un proceso complejo y costoso, pero Paul está decidido. Todavía quedan muchas preguntas sin responder.

“La historia de ninguna forma está terminada”, dice.

Paul y su segunda esposa están ahora divorciados, aunque siguen siendo buenos amigos. Admite que su obsesión con la investigación pudo haber contribuido a su ruptura.

“Llegó un momento en el que cada minuto de mis días estaba haciendo algo involucrado con esta búsqueda”, dice. Pero no se arrepiente de nada.

“Es algo que tenía que hacer. Y me ha hecho sentir más en paz”.

La hija de Paul, Emma, ahora tiene 9 años. Piensa que es divertido llamarlo Jack y a veces lo hace para molestarlo. Pero él ha decidido no cambiar su nombre todavía.

“Seguiré siendo Paul hasta que encuentren a Paul. El día que lo encuentre, le voy a entregar su acta de nacimiento y yo voy a solicitar la mía”.

Paul Joseph Fronczak es coautor, con Alex Tresniowski, de “The Foundling – the true story of a kidnapping, a family secret, and my search for the real me”, (El Expósito – la verdadera historia de un secuestro, un secreto de familia y la búsqueda de mi verdadero yo).

El FBI se rehusó a hacer comentarios para esta historia.

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