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10 confesiones de famosos en su lecho de muerte

Publicado:agosto 17, 2010
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Un músico, una actriz y una compositora se encuentran entre las personas que revelaron secretos de crímenes cometidos en su pasado.

Cuando alguien siente que está experimentando los últimos instantes de su vida y que la muerte es inevitable, recorre a confesar secretos importantes que ocultó a lo largo de su vida. Robo, plagio y asesinatos son las revelaciones más frecuentes.

El sitio Listverse enlistó las diez confesiones más extrañas en el lecho de muerte de algunas personas.

Julian Altman. En 1936, en Polonia, fue robado un violín Stradivarius. El instrumento le pertenecía al músico Hall Huberman.

El robo fue perpetrado por Julian Altman, también músico, de 20 años. Altman lo utilizó para diversas presentaciones profesionales con la Orquesta Sinfónica Nacional, en Washington. Incluso lo tocó para diversos políticos importantes.

Para 1985, 49 años después de haber cometido el hurto; Altman, en su lecho de muerte, confesó a su esposa que él había sustraído el Stradivarius.

Julian le indicó a su esposa donde encontrar el instrumento. Una vez recuperado, la mujer localizó diversos artículos de periódico que narraban el famoso robo.

Naomi Shemer. Fue una escritora, compositora y trovadora israelí, famosa por el tema “Jerusalén de oro” (Ierushalaim shel zaav), la cual fue elegida la “canción del año”, en Israel, en 1967.

Ha pocos días de haber presentado la creación en el Festival Shulli Natan estalló la guerra árabe-israelí, en la que todo el país la cantaba, incluyendo a los soldados. Esta melodía fue prácticamente un himno en su país natal y convirtió a Naomi Shemer en toda una leyenda.

Naomi fue acusada de plagiar la letra de su máximo éxito, pues se argumentaba que poseía un parecido muy particular con una canción de cuna vasca escrita por Xenpelar; no obstante, ella lo negó una y otra vez.

En 2005, a pocos días antes de que Shemer falleciera, confesó a través de una carta dirigida a su amigo el compositor Gil Aldema, que su tema “Jerusalén de oro”, si estaba basado en esa composición de cuna vasca, la cual había escuchado con anterioridad y se quedó en su subconsciente.

Naaman Diller. En 1983, se llevó a cabo el robo más costoso de la historia, 106 piezas que eran parte de la colección de relojes en el Instituto La Mayer de Arte Islámico, en Jerusalén, desaparecieron. Entre las piezas desaparecidas se incluía un reloj diseñado, especialmente, para la reina Maria Antonieta.

El reloj era una pieza única y poseía diversidad de complicaciones como repetición de minutos, calendario perpetuo, indicador de reserva de cuerda, termómetro bimetálico, subesfera de segundos, segundero central, puente de volante en oro y sistema antichoque.

Pasaron más de 20 años sin que se resolviera el caso, hasta que en una ocasión un relojero mencionó a la policía que había pagado a una mujer 40 mil dolares por la compra de diversos artículos, entre los que se encontraba el reloj de la reina Maria Antonieta.

La policía inició una investigación para esclarecer el origen del famoso reloj, las pistas llevaron a los elementos de justicia con Nili Schamrat, una mujer israelí que habitaba en Los Angeles. En la casa de Schamrat se encontraron más relojes, por ello la mujer confesó que recientemente había contraído nupcias con un hombre, quien poco antes de morir le confesó haber cometido el robo. Asimismo, el delincuente aconsejó a su esposa vender la colección de relojes después de su muerte.

Christian Spurling. En 1934 un médico llamado Robert Kenneth Wilson ofreció la conocida mundialmente fotografía del “Mounstro del Lago Ness”. De acuerdo con Wilson, mientras él viajaba en su automóvil observó que algo se movía en el lago por lo que se detuvo para captar la imagen.

Durante décadas, esta fotografía fue una prueba fehaciente de la existencia de dicha criatura.

Empero, para 1994 se descubrió el fraude de la popular imagen. La realidad es que no existia el Mounstro del Lago Ness. Todo fue un montaje, con un submarino de juguete al cual se le añadió un largo cuello y una cabeza, y la toma de unas fotografías del lago.

Aunque el fraude se le adjudica con frecuencia a Roger Patterson, quien juraba que el material era autentico, el verdadero responsable fue un hombre llamado Christian Spurling, quien confesó el hecho antes de morir.

Geraldine Kelly. En 1991, después de haber sido víctima frecuente de violencia por parte de su esposo, Kelly decidió finalizar con la vida de él. Después de disparle en la cabeza a John Nelly, la mujer escondió el cuerpo en un congelador, el cual ocultó por años. A sus hijos les aseguró que su padre había muerto en un accidente automovilístico.

Sin embargo, 13 años después de perpetuado el asesinato, en el lecho de su muerte, Geraldine Kelly le confesó a su hija que había matado a su padre y le dijo donde encontrar el cadáver.

Tor Hepso. En 1978 en Noruega , Fritz Moen, de 36 años y que era sordo y con problemas de habla, fue acusado de violar y matar a una joven de 20 años de edad.

Por este delito Moen fue condenado a dos décadas de prisión sin importar que no existiera evidencia alguna de que él hubiese perpetrado el delito, además diversos testigos afirmaron que Friz estaba con alguien más cuando ocurrieron los hechos.

Moen estuvo en prisión por años, hasta que en 2005 un ex convicto, Tor Hepso, confesó, un día antes de que muriera, a la policía y a tres enfermeras que él había asesinado a dos mujeres, entre ellas la joven que supuestamente mató Moen.

Tras la confesión se realizaron las investigaciones correspondientes, las cuales deslindaron a Moen del crimen. Sin embargo, Fritz ya había fallecido cuando su nombre fue limpiado.

Henry Alexander. En 1957, el cadáver de Willie Edwards, un hombre negro de 25 años, fue encontrado en las orillas del río Alabama, a pesar de las investigaciones no se logró determinar las causas de su muerte. No obstante, en 1976 un abogado decidió reabrir el caso, por el que cuatro integrantes de Ku Klux Klan fueron arrestados como sospechosos de la muerte de Edwards.

En las nuevas investigaciones, uno de los cuatro hombres arrestados, confesó que él y otros tres más obligaron a Willie Edwards a saltar desde el puente de Tyler Goodwin pues él ofendió a una mujer blanca. El juez Frank Embry no emitió ningún cargo contra los sospechosos, pues argumentó que la ley no establecía como delito obligar a saltar a alguien.

En 1992, Henry Alexander, en su lecho de muerte confesó a su esposa que él era quien había ofendido a la mujer blanca y que como Willie Edwards lo había identificado, él y sus compañeros miembros del Ku Klux Klan le dieron la opción de correr o brincar. Edwards optó por brincar, pero si hubiera corrido no le hubiesen disparado.

Después de la confesión, la esposa de Henry Alexander envió una carta a la viuda de Willie Edwards, ofreciéndole sus sinceras disculpas.

James Brewer. En 1977, este hombre fue arrestado por la sospecha de haber matado a su vecino debido a un ataque de celos. Sin embargo, Brewer quedó en libertad, así que se mudó con su esposa a Oklahoma, donde iniciaron una nueva vida bajo las identidades de Michael y Dorothy Anderson.

En su comunidad, se convirtieron en miembros activos de la iglesia local, en la que Dorothy creó un grupo de estudio bíblico.

Para el año 2009, Brewer sintió la necesidad de confesar su crimen, el asesinato de su vecino, con el cual había cargado por más de tres décadas. Su esposa llamó a la policía y al hospital para comentarles que su esposo quería confesar un crimen. Con la ayuda de Dorothy, este hombre que estaba muy enfermo, declaró lo ocurrido. Para su desgracia, Brewer no murió y fue consignado a las autoridades.

Margaret Gibson. William Desmond Taylor fue un actor y director de películas de cine mudo en los inicios de Hollywood. Murió asesinado el 1 de febrero de 1922. Hasta el inicio de la década de los 60, las causas y culpables no habían sido aclarados. Pero en 1964, en el lecho de muerte de la actriz Ella Margaret Gibson, ella confesó a su vecina haber asesinado a Desmond.

Aunque se rumoraba que Gibson estaba relacionada sentimentalmente con William, y que allí podría estar la verdadera razón por la cual lo asesinó, Margaret jamás reveló sus motivos para privarlo de la vida.

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